Con serena intrepidez;

Y al verle ébrio de coraje

Descargarle el tercer tajo,

Metióle el hacha por bajo

Y el brazo le cercenó.

Saltó el pedazo partido

Con la cimitarra al suelo,

Y el Moro, con un aullido

De dolor, se desmayó.

Saltó Arias de él por encima