La punta trae de salvación un gaje

Infalible: el blasón Abencerraje.

Besóle la Sultana, y su altanera

Tranquilidad cobró: despidió luego

Sus esclavas y, sola, dijo, fiera

Reverberando en su mirada el fuego

Del corazón: «Que venga cuando quiera

Muley.» Y en los cojines con sosiego

Tendiéndose, al pesar y al miedo ajena

Segura de Abú Abdil, durmió serena.