Castigador, y hermoso en la persona,

Nació digno Al-hamar de la corona.

Chispa encendida de la fe en la hoguera

Su estrella fué. Su celestial influjo

En el erial de la vital carrera

Por luminosa senda le condujo.

La ventura tras él fué por doquiera,

Su presencia doquier el bien produjo;

Amigos y enemigos le admiraron

Y la historia y el tiempo le afamaron.