»Con ese Rey fenecerá su gloria.»
Leyó el sabio: y, quitándose del libro,
Dirigió así la voz conminadora
Al caballero, que encerrado le oye
Mudo é inmoble en su armadura cóncava:
—«¡Ay de los de Nazar! ¡ay de Granada!
»Su Rey ha visto la tremenda sombra;
»Y ¡ay de ti, Rey Hasán! ¡ay de tu sangre,
»De raza tan fatal engendradora!»
Á estas palabras, el sombrío armado