De los valles de Darro, y argentinas

Del árbol desprendíanse ligeras

Las perlas del rocío, á las primeras

Ráfagas de las auras matutinas.

Diáfana en fin la atmósfera, sereno

El cielo y quieto el aire, se anunciaba

Un día claro y de alegría lleno

Que al perezoso mundo despertaba.

En la loma del cerro abandonado,

Donde se eleva el torreón obscuro