Tan débil é impotente como densa,

Se abrió ante los jinetes africanos,

Retrocediendo en oleada inmensa

Como el círculo que abre el haz del río

Ante la quilla corva del navío.

Turba que ceja un pie, fuerza vencida.

La hueste de Muley siguió adelante

Y en la ciudad entró; mas, convertida

La alegría en terror, fué con semblante

Sombrío y en silencio recibida