Que él solo se salvó de una batalla.
—Lee: tal vez consolar logre los míos.
—Mas no me escuchas ¡oh Sultana!—Esclava,
Lee y obedece.» Prosiguió leyendo
La reprendida alméh y á su profunda
É inquieta distracción volvió Zoraya.
La deliciosa voz de la lectora
Resonaba en el cóncavo recinto
Del camarín, como el rumor continuo
De un arroyo que corre bajo el césped