De la alméh la lectura: á los cristales

Del calado ajimez pegado el rostro,

Penetrar del crepúsculo anhelaba

La obscuridad creciente: pero en vano.

La ciudad se sumía en las tinieblas,

Y el rumor que llegaba hasta su oído

Era tan sordo, tan confuso y vago,

Que era imposible comprender su origen.

La humana voz asemejaba á veces

Ronco, amenazador, cual si en tumulto