No te obedecería. Dios es antes

Para mí que la vida.—La Zoraya

Le oía de hito en hito contemplándole,

Y recordando que en sus venas corre

Sangre cristiana, chispeante y roja,

Con ardiente rubor la faz sentía:

Su niñez con vergüenza recordaba

Tímida ante el esclavo la señora:

Pronto, empero, repuesta y su sonrisa

Habitual en sus labios ver dejando,