Á oirse trotar el corcel.

Reinó un silencio completo

Por un instante. Moraima,

Con el corazón inquieto

Miraba á Aixa, sin osar

Interrumpirle: la esclava

Con el infante dormía,

Y el enanillo escuchaba,

Como Aixa, sin respirar.

Quietos, atentos, callados,