Y acémilas compró que los movieran.

No se excusó ni un noble castellano

De acudir de Isabel á la cruzada,

Y no quedó un solar en monte ó llano

De que no hubiese en Córdoba una espada.

Todas las joyas del valor hispano

Fueron parte á tomar en la jornada,

Sombreando sus bizarros escuadrones

De sus casas más ricas los pendones.

Vino el primero el Cardenal de España