Llamaron á Bu-Abdil desventurado,
Ni sin razón Moraima el fatalismo
Lloró de sus horóscopos infaustos.
Desdichado en su hogar desavenido,
En sus empresas de armas desdichado
Y en su amor infeliz, siempre implacable
Faltóle Dios en cuanto puso mano.
La casa en que nació, la madre que hubo,
El siglo en que á luz vino, todo aciago
Le fué, y á todo cuanto en torno suyo