Ni una voz en el fondo de sus calles,

Ni una luz en sus lóbregas ventanas.

El peso del dolor y de la afrenta

Y el ambiente letal de la desgracia

La tienen, más que en sueño sumergida,

En profundo sopor aletargada.

El duelo universal que la circunda

Los lamentos inútiles apaga,

Y se oyen los gemidos solamente

En la profunda soledad del alma.