»¡Tú eres alguna esclava nazarena!
»Sí, sí: ¡Tú eres la pérfida cristiana!
»Que me le hechiza el corazón ahora
»¡Con su infernal amor!... toma, traidora.»
Dijo y tiró la lámpara á la fuente:
Con hueco són al sumergirse en ella,
El agua helada salpicó su frente.
Quedó en tinieblas el jardín: la bella
Y enamorada aparición doliente
Se disipó, sintiéndose su huella