Nada allí el lujo mundanal revela.

Isabel, aunque hermosa y soberana

Y con glorioso porvenir nacida,

Reconoció desde su edad temprana

La vanidad de la terrena vida:

Y su sincera educación cristiana

De la era turbulenta transcurrida

En el aciago y anterior reinado

La experiencia ha después fortificado.

Y por eso no hay lujo en su aposento,