—¡Bah, bah! Quijotadas.

—¡Ay, padre! Cuando perdamos los españoles lo que tenemos de Quijotes, ¿en qué vendremos á parar?

—Lope de Vega y Calderon eran teólogos ántes de poetas: Melendez Valdés fué como yo oidor de la Chancillería: todavía es tiempo; eres muy jóven: métete un año á estudiar, y con cuatro ó cinco mil reales y los amigos que tienes, puedes doctorarte en Toledo; y siendo jurisconsulto puedes serlo todo. Yo me voy para Torquemada: allí debe de ir tu madre, y no quiero que se encuentre sola sin mí entre aquellos pardillos, maestros de gramática parda.

Una nube negra que pasó por mi cerebro entristeció mi alma, envolviendo en lágrimas mi pasado y en tinieblas mi porvenir.

Aquella noche me fuí á casa de Tarancon y le dije: «he perdido todo lo hecho: mi padre, el único por quien todo lo hice, es el único que en nada lo estima.»

Tarancon lo comprendió todo: me abrazó y sobre su morada túnica episcopal dejé correr las lágrimas más amargas que han abrasado mis párpados. Tarancon no era hombre de intentar consolar con palabras banales una pesadumbre que no podia tener momentáneo consuelo.

—Yo me arreglaré con tu padre—me dijo despues de largo silencio.—Tú emprende alguna obra de importancia que necesite estudios, atencion y tiempo. Teníamos convenido en escribir juntos un libro de la Vírgen; esto halagaria mucho á tu padre y enloqueceria á tu madre de alegría; pero yo no tengo ya tiempo para meterme en tal trabajo. Me has hablado de Granada. Emprende tu poema morisco y empieza por ir á localizarte en la ciudad de Boabdil. Si no tienes dinero, cuenta con mi bolsillo; no está muy lleno, pero entrarás á la par con los pobres de mi diócesis. Deja á tu padre irse á Torquemada, y... ¡á Granada tú! Fia en Dios y cuenta conmigo.

Y mi padre se fué á Castilla, y yo empecé á pensar en Granada. Pero, ¿qué importa todo esto á los lectores de El Imparcial? Todas estas memorias íntimas figurarian tal vez muy bien en las mias póstumas: vivo yo aún, pueden ser tachadas de pretenciosa é insoportable vanidad: pero ya he tirado del primer hilo y voy á deshacer todo el ovillo.


XXII.