estirpe generosa de la progénie nueva,

creyéndome ya en el caso en que yo me ponia en la penúltima estrofa de mi Canto del Fénix, que dice:

Y si las tempestades que el porvenir amasa

en mi país me obligan á mendigar mi pan,

no dejes que en él nadie las puertas de su casa

empedernido cierre, ó esquivo diga—«¡Pasa!»—

al que mató á D. Pedro, al que salvó á D. Juan,

saltó V. el primero á la arena á romper la primera lanza en pró del viejo, en quien V. ve un gigante á través del prisma del entusiasmo con que le mira. Gracias, mil gracias, Sr. Velarde: ya sabia yo que la juventud literaria de la generacion que á la mia sigue, no habia de abandonar nunca al poeta que no ha inculcado más que amor á la patria, y respeto á las creencias y á las tradiciones de sus padres.

No puedo, sin embargo, permitir á su entusiasmo juvenil, que atribuya á la patria el abandono en que deja mi vejez la supresion de un sueldo, que á cargo de los Lugares Píos Españoles de Roma se me concedió, para llevar á cabo mi legendario del Cid y de otras obras que me ha oido V. leer en el salon del Ateneo. No, Sr. Velarde, no: la patria no tiene nada que ver en esto; y nadie ménos que yo tendria razon para quejarse de su patria, porque las economías necesarias en el presupuesto del Ministerio de Estado hayan alcanzado hasta mi ya mermada pension; la cual, si sola no podria sacar de ningun apuro á la administracion de los Lugares Píos Españoles de Roma, tal vez unida á las demás economías hechas en Julio último pueda contribuir á alguna obra perentoriamente necesaria para el decoro nacional. Suum cuique, y dejemos á la patria en el buen lugar que en este caso la corresponde.

¿Qué es la patria? La tierra; la nacion, el lugar en que se nace. Y como la nacion la forman los habitantes de la tierra, la patria vive y se expresa por la vida y las acciones de los ciudadanos de cada nacion. ¿Y cómo ha tratado su patria al poeta Zorrilla? Como no ha tratado nunca á ningun poeta, incluso al fénix de los ingenios Lope de Vega; quien tal vez debió parte de la gloria y los obsequios que su época le tributó á su favor en la corte y al carácter que le imprimia su dignidad sacerdotal. Yo no pertenezco á ninguna clase de la sociedad, porque los poetas no estamos clasificados en ninguna categoría social; no he pertenecido jamás á ningun partido político, á ninguna Academia, ni á ningun Instituto que haya podido alcanzarme favor con poder alguno, y por consiguiente, nadie ha tenido interés en aplaudirme ni en adularme.