El indio copia la escritura española sin entenderla, [1] y se aprende de memoria con gran facilidad relaciones ó discursos más ó menos largos. Esa facilidad de emitir palabras que no entienden, puso á un Gobernadorcillo en una ocasión en lance bien apretado. Visitaba un General los pueblos del Sur de Luzón y en plena recepción oficial en uno de ellos, le preguntó el General al Gobernadorcillo sobre el estado de la localidad, á lo que con gran claridad y precisión le contestó: Con el cólera, la langosta, las viruelas y la visita de V.E. el pueblo está al pelo. Esta extraña salida produjo el efecto consiguiente, y aquel pelo por poco se le atraganta al munícipe que en mal hora quiso hacer un discurso con media docena de palabras españolas cuyo valor no conocía.
Y con esto creemos que en ninguna ocasión está más justificado el hacer punto y punto redondo.
CAPÍTULO VI.
Camalig.—Su etimología y situación—Proximidad al volcán.—¡1814!—Barrio de Tondol.—Estadística.—Zonas abacaleras.—El padre Blanco y su Flora.—Musa textoria.—El ramio.—Urtica-nivea.—Competencia imposible.—Comparaciones.—Desconocimiento del abacá.—Exportación en 1885.—Núcleo de producción.—Abacá colorado—Fuerza productiva—Beneficio del abacá.—Su riqueza.—Jornaleros.—Cotizaciones y ventas.—Márgenes.—Enfardaje.—Setenta y cinco por ciento de beneficio.—Precios del abacá.—El buntal, el nito y el cabo negro.
Cuenta la tradición que en el sitio que hoy ocupa el pueblo de Camalig, encontraron los primeros españoles que pisaron aquel suelo un extenso camarín, á cuyo alrededor se formaron algunas viviendas, dándoseles el nombre de Camalig, ó sea camarín, y de aquí la denominación de la provincia de Camarines, á la que perteneció este pueblo hasta 1847, en que se agregó al de Albay. Linda con Daraga, Guinobatan y Quipia, distando del primero 2,50 km., del segundo 3,75 y del tercero 9,50. Se encuentra situado en las estribaciones del Mayon, en sitio bastante elevado, siendo el pueblo que se halla más cerca del cráter, así que es el que más ha sufrido en las distintas erupciones de aquel, hasta el punto de haber desaparecido en 1814, en que todo el pueblo quedó envuelto en fuego y cenizas. Los habitantes que escaparon de la catástrofe formaron barrio en Tondol, de donde se trasladaron á Quilaponte y Baligan, para ir por último, olvidando antiguos siniestros y no previendo los venideros, á situarse en 1838 en el mismo lugar que ocupó el primitivo pueblo.
Camalig, con sus cinco barrios, contiene 17.457 almas y 8.889 tributos, repartidos en 92 cabecerías, habiendo entre sus habitantes 5 europeos y 25 chinos. Se verificaron en el año á que se contraen estos datos estadísticos 134 casamientos, 581 bautizos y 301 inhumaciones. A las escuelas asisten, por término medio, 250 niños y 130 niñas, hablando muy pocos el español. Fueron procesados 14 varones y 1 hembra.
Camalig es uno de los pueblos más ricos de la provincia, y en él tienen las casas abacaleras, uno de los centros más activos de acopio. Posee buenos y sólidos edificios, descollando la iglesia y casa parroquial.
La jurisdicción de Camalig es sin disputa una de las zonas abacaleras más ricas, siendo el abacá, ó sea la bandala como se llama en bicol el producto que constituye la riqueza de la provincia.
El abacá lo define el sabio botánico filipino Padre Blanco de la siguiente manera:
«Musa trogloditarum textoria. Musa de los trogloditas de telares. Corola, el labio inferior, casi sin escotaduras. Estambres cinco, sin rudimento del sexto. Fruto con tres costillas y muchas semillas perfectas. Este plátano llamado abacá le reputo por variedad del Musa trogloditarum errans; él es de los más útiles, y se cultiva con cuidado en la provincia de Camarines y en otras partes. A primera Vista no se diferencia de los otros. El fruto es comestible y muy pequeño, pues el que yo he visto apenas pasaba de dos pulgadas de largo. Las semillas llegan á su perfecta madurez. El uso que se hace de este plátano es inmenso. De él se fabrican cuerdas, cables y tejidos de una finura extremada. Para esto se corta el tronco por el pie y por el extremo, cuando está próximo á dar fruto, quitándole las hojas. Quítanse también uno á uno los peciolos, y se les hace por la parte de adentro una incisión en el medio al través con un cuchillo, para quitarles la corteza que les cubre interiormente. Despojado ya el peciolo de su corteza interior, todavía se hace tiras de dos dedos de ancho, las cuales se colocan una por una debajo del corte de un cuchillo, fijo en una caña larga, que hace el efecto de un resorte, y cuyo extremo más largo está afianzado en la tierra. Puesta, pues, la tira del abacá debajo del cuchillo, de modo que la corteza exterior mire arriba, se tira de ella con fuerza por una punta, lo cual se practica una ó dos veces, y entonces aparecen claros los hilos; pero con este método se desperdicia la mitad del abacá. Todavía hay que pasarlos por una especie de sierra, que hace el oficio de un rastrillo, como los que se usan en Europa para el hilo; esta segunda operación no la he visto hacer, pero sí la otra. Allí quedan ordenados los hilos, pero unos son más finos que otros, y por eso las mujeres tienen el cuidado de separarle en varias clases, antes del tejido, lo cual ejecutan con suma destreza, aunque sea á oscuras.