Putin y Angué, ó sean Prudencia y María, son los tipos de la india rica. Observadlos y habremos llenado nuestro cometido.
Madre é hija en el momento que hemos pasado de la escala á la caída, dan la última mano á una de las mesas de viandas y dulces.
En las fiestas que describimos no hay sala de buffet ni una sola mesa. Todos los sitios de la casa son comedores. En la cerca comen los músicos; en la antecocina, el lancape se convierte en mesa para los batas y demás gente menuda. En la caída el lujo mejora notablemente. La caída es la destinada á los pretendientes á hombres de justicia, mediquillos sin parroquia, cuadrilleros en activo, tulisanes arrepentidos, jueces de ganados, aprendices á directorcillos y demás gente del bronce. Como la mesa de la caída está á la vista de los que suben, procura Putin que esté vistosa y arreglada, en tanto que Angué recorre los papeles de colores, inspecciona los tinsines y pone rodajitas de limón á los cochinillos fritos, manjar indispensable, sin el cual no hay convite posible en la India.
Arreglada la caída, las dueñas de la casa se dirigen á la sala. Aquella es el tabernáculo, es el arca santa donde se ha puesto todo el esmero y cuidado.
Andemos despacio no nos escurramos sobre las lucientes tablas del pavimiento recién frotadas con hojas de coco, impregnadas de aceite.
El conjunto que presenta la sala es de lo más abigarrado y churrigueresco que imaginarse puede. Al lado de un fanal cuyos cristales enseñan el Cristo de Antípolo vestido de general, lucen sus contornos dos figuras de barro de China, sobre las cuales se apoyan bombones de caña, llenos de tabacos, bandejitas de cristal con fósforos y buyos; y si las figuras conservan las manos, un pico en el sombrero, ó cualquier punto saliente, se ven colgados rosarios, candelas, parches milagrosos y relicarios.
Las paredes están cuajadas de pabellones de coquillo colorado, bombas, farolillos, vasos, y guirnaldas de ramaje ó flores de papel.
En un rincón se ostenta una lujosa arpa; esto ya quiere decir algo.
El centro de la sala lo ocupan dos mesas: en la una están los platos, botellas y repuestos de todas clases. La otra, ¡ah! la otra merece mucha atención. ¡Es la mesa oficial! Es como si dijéramos, la sepultura de la mitad de la fortuna de cabezang-Goyo.
La mesa oficial se sabe tiene mantel por las caídas, pues lo que cubre la tabla está completamente lleno de cuanto produce la India y los establecimientos de Europa. Donde no hay sitio para una fuente, se coloca un candelabro; donde no halla lugar un plato, se acomoda una taza; si no hay asiento para una jícara, se reprieta una copa; y por último, los huecos que quedan se rellenan con penachos de palillos de dientes, ó tiras bordadas de papel de colores.