Bosques inmensos de altísimos cocos, pendientes lomas cubiertas de entrelazadas rimas, dilatados campos salpicados de algodoneros, cageles y limoneros admirábamos por doquier.
El barco acortó vela manteniéndonos fuera de fondo esperando práctico, mas esperamos una hora y otra, y ni el práctico ni el pequeño fuerte que domina la entrada del canal daban señales de vida.
El pueblo, ó mejor dicho, la ciudad de Agaña, pues ciudad es por la gracia del Rey, que gloria haya, nuestro Sr. D. Felipe IV, no podía vernos, pues á más de tener entre ella y nosotros la isla de las Cabras, hay cerca de dos leguas del fondeadero, que lleva el nombre de San Luís de Apra, próximos al cual estábamos y en el que habíamos de anclar.
En las salvas de dos pequeños cañones que monta la María Rosario, mandamos una cortés salutación á los dormidos habitantes de Marianas, los cuales nos correspondieron izando bandera en el fuerte y armando botes en el puerto.
A todo remo y en buena vela apareció por la desembocadura del canal un bote ballenero. Bandera flotaba en la popa y galones relucían en las bordas. La sanidad y la capitanía del puerto tuvimos á bordo.
Después de enterarse el médico no había nadie de menos ni de más, y el capitán del puerto de que no llevábamos gato encerrado, previas las formalidades de declinarse la responsabilidad del anclaje en la experiencia del práctico, y tras algunas maniobras, se dió la voz de ¡fondo! y fondo encontraron las uñas del ancla que rodó de las serviolas á la región de los corales.
Treinta y cinco días nos había costado llegar. Ya estábamos en
Marianas. ¡El puerto todo lo borra!
CAPÍTULO XI.
Historia de las Marianas.—La tradición.—Los chamorris.—Intolerancias.—El Pico de los amantes.—División de razas.—Tinian.—Sarcófagos antiguos.—La casa de Taga.—Leyendas y supersticiones.—Cultos y creencias.—Los macambas.—El zazarraguan y el caifi.—Los anitis.—La peña de Fuuña.
El estudio de las islas Marianas lo dividiremos en dos partes; en la primera, y aunque ligeramente, trataremos de lo que fueron antes de pertenecer á España; en la segunda, desde que la bandera de Castilla ondeó en sus playas.