No contento el gran navegante con haber encontrado el paso que lleva su nombre y de hollar con su planta la tierra del Fuego, puso rumbo por el ancho mar en busca de nuevas empresas.

Largo todo el capo, la quilla de la Capitana, levantó hirviente espuma en el Océano Pacífico, dirigiendo Magallanes el timón aun más allá que veía en su atrevida imaginación.

El más allá que comprendía la fe de un hombre que sueña hazañas, encontró un eco en la voz de tierra que se escapó de todos los labios al descubrir por los horizontes donde se oculta la luz, una informe masa confundida con las espesas y revueltas nubes.

Tierra era en efecto, y abordando á ella se tomó fondo, siendo el 6 de Marzo de 1521.

La tierra que los intrépidos navegantes tenían á la vista, les ofrecía hospitalidad y recursos. Falta les hacía la una y los otros, pues al descubrirla, la desesperación, la impaciencia y las necesidades todas habían llegado á su término. Desde que entraron en las aguas del Sur, fueron poco á poco acortándose las raciones hasta el punto de hacer las comidas con agua del mar, no habiendo encontrado en el derrotero que traían, más tierra que las islas Desventuradas, así llamadas por Magallanes, en vista de su situación, inhospitalario abrigo y falta de recursos.

Tan luego Magallanes dió fondo, rodearon á la Capitana sinnúmero de pequeñas embarcaciones movidas por paletas que servían de remos, y por unas velas de tejido de palma. Por el gran número de embarcaciones y por la figura de sus velas, llamaron á aquellas islas de las Velas Latinas.

Aquel grupo de islas hay quien cree son las Celebes de la antigüedad. Los naturales las llamaban á la llegada de Magallanes, Laguas.

El día 7 del mismo mes, desapareció un bote de la Capitana, por lo que y por otros robos que hicieron los naturales en los demás barcos, cambió Magallanes el nombre de las Velas Latinas por el de los Ladrones, que es como todavía las llaman los extranjeros en la mayor parte de sus cartas. Con algunos arcabuceros y no pocas amenazas, consiguió el Almirante recuperar su bote, y no satisfaciendo á su carácter emprendedor la pequeñez y pobreza de la nueva tierra, nuevamente levó anclas el 9 del mismo mes, en demanda de las ricas y fértiles comarcas Filipinas. Después de una penosa navegación tomó puerto en la isla de Cebú, donde consiguió captarse el cariño y los servicios del Reyezuelo que imperaba en aquella, el cual estando en guerra con su vecino el de la isla de Maetan impetró de Magallanes su auxilio, que le fué otorgado por el intrépido marino, yendo él mismo con parte de su gente á una expedición contra los enemigos de los cebuanos; aquellos en gran número y con gran destreza resistieron el ataque, muriendo Magallanes. Esta sensible pérdida acaeció el 26 de Abril de 1521.

El vencido Rey de Cebú, bien por temor, bien por haber entrado en las prescripciones impuestas por el vencedor, ó bien por la inconstancia propia del natural, es lo cierto que so pretexto de un convite preparó una emboscada, en la cual perecieron villanamente asesinados hasta 30 soldados. Los pocos que habían quedado en las naves, impotentes por su número para tomar venganza, resolvieron salvar sus vidas y regresar á Castilla con las nuevas del descubrimiento.

Los pocos expedicionarios que habían logrado salvar la vida, emprendieron el viaje por el antiguo derrotero de las Molucas, en la Victoria y la Trinidad. Esta última nave quedó en la mar, aguantando únicamente la Victoria que mandaba Sebastián Elcano, los mares del Cabo de Buena Esperanza el cual consiguió doblar, no sin falta de ímprobos trabajos, arribando al puerto de Sanlúcar el 6 de Setiembre; sobreviviendo á aquella colosal empresa en que la Victoria había dado la vuelta al mundo, solamente 18 hombres.