¿Piensas en la independencia?

¿Te decides por la anexión?

Contéstame á estas preguntas con la franqueza que á ti te ha distinguido siempre y que tantos disgustos y perjuicios te han proporcionado en tu vida pasada, y que no te auguro mejores en el porvenir, pues la ruda franqueza, ha sido y será siempre víctima de la solapada hipocresía.

Comunícame á la vez tus impresiones sobre el porvenir que á tu juicio le espera á nuestro infortunado pais, pues deseo conocerlas."

Hasta aquí el amigo, y voy á contestarle por el mismo órden que interroga.

En cuanto á lo que se refiere la primera pregunta, no he de perder el tiempo hablando de cosas que ya pasaron para no volver, pues la eterna ley de la evolución se cumple fatalmente, y time is money dicen los que hoy nos mandan.

¿La independencia?

Preso de fatal quebranto cerebral, es que únicamente se me ocurriría pensar en semejante dislate. Nunca, ni aún en tiempo de los españoles, se me ocurrió pensar en que este pais pudiera ser independiente, por más que la intransigencia y la suspicacia, pusieran en duda mi buena fé y me colgaran éste sambenito, que no pocos disgustos y muchos perjuicios me proporcionaron.

Es no pensar cuerdamente, ni hacer un minucioso y detenido estudio de las condiciones especiales de este pais, para abrigar la idea de que llegue á ser nación independiente, mientras no bajen á la tierra y se queden por el mundo, los ángeles y serafines que habitan en la Mansión Celestial.

Ni aún en los pueblos verdaderamente cultos, que por desgracia el nuestro no es todo lo que debiera, pueden sostenerse más que en el nombre las pequeñas nacionalidades, tales como las Repúblicas de Andorra y San Marino, el Principado de Mónaco y los pequeños Estados de Oriente, objeto de tantos trastornos por causa de la codicia y ambición de los pueblos de Europa, que se los quisieron repartir, y ya lo hubieran hecho, si no fueran tantos los interesados.