1.º—Mango Capac [Manco Capac].
2.º—Chincheroca [Sinchi Roca], su hijo.
3.º—Lloque Yupanque [Lloque Yupanqui], su hijo.
4.º—Capac Yupanque [Capac Yupanqui], su hijo.
5.º—Mayta Capac, su hijo.
6.º—Yngaroca Inga [Inca Roca Inca], su hijo.
7.º—Yaguar Guacac Inga Yupanque [Yahuar
Huacac Inca Yupanqui
], hijo mayor.
8.º—Viracocha Inga [Huiracocha Inca], su hijo.
9.º—Ynga Yupanque Pachacuti Ynca [Inca Yupanqui
Pachacutec Inca
], hijo menor.
10.º—Yamque[3] Yupanque [Inca Yupanqui].
11.º—Topa Inga Yupanque [Tupac Inca Yupanqui].
12.º—Guayna Capac [Huaina Capac].
13.º—Atagualpa [Atahuallpa], ¿su hermano?

Los que despues de la muerte de Atagualpa nombró el marqués Yngas:
Topa Gualpa [Tupac Huallpa], Mango Ynga [Manco Inca].
El que nombraron los capitanes de Mango Inga:
Saire Topa [Xairi Tupac], que agora está en las montañas.

Al Illustre y Excelentissimo Señor Don Antonio de Mendoza, Vissorey y Capitan general por Su Magestad en estos reinos y provincias del Perú.

Ilustrísimo y Excelentísimo Señor: Acabado de traducir y recopilar un libro que Doctrina chripstiana se dice, en el cual se contiene la doctrina chripstiana y dos Vocabularios, uno de vocablos, y otro de noticias y oraciones enteras y coloquios y confisionario, quedó mi juicio tan fatigado y mi cuerpo tan cansado, en seis años de mi mocedad que en él gasté, que propuse, y habia determinado entre mí, de no componer ni traducir otro libro de semejante materia en lengua india, que tratase de los hechos y costumbres destos indios naturales del Perú, por el gran trabajo que dello ví que se me ofrecia y por la variedad que hallaba en el informarme destas cosas, y ver cuán diferentemente los conquistadores hablan dello, y muy lejos de lo que los indios usaron; y esto creo yo ser, porque entónces, no tanto se empleaban en sabello, cuanto en sujetar la tierra y adquirir; y tambien, porque, nuevos en el trato de los indios, no sabrian inquirillo y preguntallo, faltándoles la inteligencia de la lengua, y los indios, recelándose, no sabrian dar entera relacion. Fácil cosa podria parecer escribir semejantes libros, y muy difícil contentar al lector; porque los ojos, conténtanse con que sea bien legible la letra, mas, el delicado, y experimentado juicio de Vuestra Ilustrísima Señoría requeria estilo gracioso y elocuencia suave, lo cual ya, para presente y servicio que yo á Vuestra Excelencia hiciese, en mi falta, y la historia de semejante materia no da lugar, pues para ser verdadero y fiel traducidor, tengo de guardar la manera y órden del hablar de los naturales. Y viniendo al propósito, digo, que en esta presente escriptura algunos ratos empleará Vuestra Excelencia los ojos para leella, la cual, aunque no sea volúmen muy alto, ha sido muy trabajoso; lo uno, porque no le traduje y recopilé siendo informado de uno solo, sino de muchos, y de los más antiguos y de crédito que hallé entre estos naturales; y lo otro, pensando que habia de ser ofrecida á Vuestra Excelencia. Háme sido tambien muy penosa, por el poco tiempo que he tenido para ocuparme en ella, pues para el otro libro de la Doctrina era menester todo; y sobre todo, añadióse al trabajo haber de dar fin á este libro en breve, agora que Vuestra Excelencia me lo mandó. Los nombres de los Ingas que los indios llamaron Capaccuna, que á su entender quiere decir, que mayor no lo hay ni puede haber, é cuyos hechos y vidas aquí escribo, la tabla de los cuales se hallará en fin de este prólogo, si alguno me quisiere redargüir que en la materia deste libro hay algo supérfluo ó que dejé algo de decir por olvido, será sin motivo, dicho de indios comunes que hablan por antojo ó por sueños, que ansí lo suelen hacer, ó porque á los tales reprendedores les parecia, cuando se informaban, que los indios comunes querian decir lo que ellos agora afirman contando estas cosas, no lo entendiendo retamente. Ni áun las lenguas, en los tiempos pasados, no sabian inquirir y preguntar lo que ellos pretendian saber y ser informados. Bien veo ser niñerías y vanidades lo que estos indios usaban y yo escribo aquí; mas, relatarlas yo siendo mandado, tengo de traducir como ello pasaba; y por tanto este libro resciba favor de Vuestra Excelencia.

Excelentísimo Señor: La vida y estado de Vuestra Excelencia, Nuestro Señor prospere con mucha felicidad.


CAPÍTULO PRIMERO.—Que trata del Con Tici Viracocha[4], que ellos tienen que fué el Hacedor, é de cómo hizo el cielo é tierra é las gentes indios destas provincias del Perú.

En los tiempos antiguos, dicen ser la tierra é provincia del Perú escura, y que en ella no habia lumbre ni dia. Que habia en este tiempo cierta gente en ella, la cual gente tenia cierto Señor que la mandaba y á quien ella era subjeta. Del nombre desta gente y del Señor que la mandaba no se acuerdan. Y en estos tiempos que esta tierra era toda noche, dicen que salió de una laguna que es en esta tierra del Perú en la provincia que dicen de Collasuyo, un Señor que llamaron Con Tici Viracocha, el cual dicen haber sacado consigo cierto número de gentes, del cual número no se acuerdan. Y como este hubiese salido desta laguna, fuése de allí á un sitio ques junto á esta laguna, questá donde hoy dia es un pueblo que llaman Tiaguanaco, en esta provincia ya dicha del Collao; y como allí fuese él y los suyos, luego allí en improviso dicen que hizo el sol y el dia, y que al sol mandó que anduviese por el curso que anda; y luego dicen que hizo las estrellas y la luna. El cual Con Tici Viracocha, dicen haber salido otra vez ántes de aquella, y que en esta vez primera que salió, hizo el cielo y la tierra, y que todo lo dejó escuro; y que entónces hizo aquella gente que habia en el tiempo de la escuridad ya dicha; y que esta gente le hizo cierto deservicio á este Viracocha, y como della estuviese enojado, tornó esta vez postrera y salió como ántes habia hecho, y á aquella gente primera y á su Señor, en castigo del enojo que le hicieron, hízolos que se tornasen piedra luego.