ISABEL. No le mató la vengativa mora. Donde estuviera yo, ¿quién le tocara? Mi desgraciado amor, que fué su vida … su desgraciado amor es quien le mata. Delirante le dije: «Te aborrezco»: 465 él creyó la sacrílega palabra, y expiró de dolor.

MARGARITA. Por todo el cielo …

ISABEL. El cielo que en la vida nos aparta, nos unirá en la tumba.

PEDRO. ¡Hija!

ISABEL. Marsilla un lugar a su lado me señala. 470

MARGARITA. ¡Isabel!

PEDRO. ¡Isabel!

ISABEL. Mi bien, perdona mi despecho fatal. Yo te adoraba. Tuya fuí, tuya soy: en pos del tuyo mi enamorado espíritu se lanza.

(Dirígese adonde está el cadáver de Marsilla; pero antes de llegar, cae sin aliento con los brazos tendidos hacia su amante.)

FIN DEL DRAMA