El viejo mundo espera las revelaciones del nuevo en los fenómenos de la imajinacion, del sentimiento y del estilo, y es en este concepto que M. Augusto de Saint-Hilaire, examinando una obra americana de ciencia y de erudicion, dijo no ha muchos años: «Tambien ellos (los hijos de América) tienen mucho que enseñarnos.»

Sin mengua de mérito alguno, sin desvirtuar los esfuerzos anteriores espontaneos, ó premeditados, para dar color nacional ó indijena á las producciones de la fantasía, puede asentarse como príncipio jeneral que, hasta la época en que aparecieron las doctrinas y las obras llamadas románticas, ese color no ha sido subido ni intencional de veras en los poetas sud-americanos. D. Estevan Echeverria es el primero entre los nuestros que emprende la pintura de la fisonomia poética del desierto, colocando en la vasta soledad de la pampa dos seres de su invencion, seres que al mismo tiempo son reales por los hábitos, por las escenas en que son actores y por los sentimientos de la sociedad que reflejan.

La Cautiva señala una época notable en las letras del Rio de la Plata y establece un punto nuevo de partida á nuestra novel y escasa literatura poética.

La marcha que de la poesia española en América hemos tratado de trazar en pocos renglones, es en gran parte la misma que han seguido las producciones de la musa en la parte de nuestro continente que habla y escribe en portugues. Con la diferencia única que habiéndose conservado la unidad nacional en el imperio, no ha habido alli dispersion en la familla de los poetas anteriores á la emancipacion, formando todos un Parnaso mas numeroso, mas homojeneo y tambien mas característico.

Santa Rita Duráo que canta las aventuras de Diego Alvarez, el hijo del trueno y dragon de los mares, pertenece al siglo de Peralta, y su Caramurú puede hacer juego en sus bellezas y lunares con el poema de Lima Fundada. Entre la aparicion del Caramurú en 1781 y la del poema titulado el Uruguay, digno de la atencion de los lectores argentinos bajo muchos respectos, puede colocarse un gran número de producciones de la musa brasilera á las cuales como á las nuestras de aquellos mismos tiempos es aplicable el juicio que hace de ellas el ilustrado autor de la historia de la poesia y de la lengua portuguesa, al frente del Parnaso lusitano[17]. «Cierto es (dice) que las majestuosas y nuevas escenas de la naturaleza de aquella vasta rejion debieran haber dado á sus poetas mas orijinalidad, mas variedad en las imájenes, en la espresion y en el estilo. Pero debe tenerse en cuenta para su descargo que el espíritu nacional fué apagado en esos injenios por la educacion europea: manifiestan como á manera de recelo de mostrarse americanos; de donde proviene cierta afectacion é impropiedad que desluce sus mejores cualidades.»

Pero donde el sincronismo histórico entre una y otra literatura viene á ponerse de bulto, es cuando se personifican en D. Estevan Echeverria, y en el Sr. Magalháes autor del poema cuyo título encabeza este escrito.

El Sr. Magalháes nació en el suelo pintoresco de Rio Janeiro y recibió una educacion literaria apropiada al sano desarrollo de las dotes intelectuales que debia á la naturaleza. Los autores que primero manejó, fueron los que en un tiempo no muy distante se apellidaban clásicos como por escarnio. Los poetas é historiadores de aquellas dos fecundas y seductoras literaturas que envueltas en el sudario oscuro de sus muertos idiomas reviven con cada jeneracion, cada vez mas brillantes y mejor comprendidas, abrieron las puertas de la orijinalidad al Sr. Magalháes. Él no hubiera podido llegar á ser innovador y á señalar nuevas rutas, si no se hubiese robustecido con el estudio de aquellos maestros: ellos enseñan por donde y como se llega á la fuente de toda poesía que es la naturaleza, en las cosas, y en el hombre, en las profundidades del alma y en esa region de los meteoros de la luz y de colores que se llama la fantasía.


El Sr. Magalháes apareció como Echeverria cuando menos se le esperaba, trayendo como este el sentimiento, el colorido, la melancolia y el perfume relijioso que traspiran en las composiciones de Chateaubriand y de Lamartine. El libro con que se hizo notar el Sr. Magalháes titulábase—Suspiros poéticos e saudades; portada bien significativa para preparar al hallazgo de las dulces penas y de las nobles esperanzas encerradas en aquellas pájinas aplaudidas del público y hábilmente apreciadas en su tiempo por escritores de nota como Evaristo Ferreira y el vizconde de Cayrú. Echeverria denominó consuelos á la primera coleccion de poesías que publicó en 1834. «He denominado así estas fugaces melodías de mi lira, decía el autor en una nota, porque ellas divirtieron mi dolor y han sido mi único alivio en dias de amargura. Ellas pintan en bosquejo el estado de mi ánimo en una época funesta»..... Los Consuelos eran el canto de la resurreccion penosa de una alma que casi había naufragado para siempre. Los Suspiros Poéticos salvaron á su autor á las puertas ya del sepulcro sembrándole de agradables perspectivas para lo futuro el tiempo de su convalescencia. «Moribundo estaba, dice Magalháes, cuando mis amigos los mandaron imprimir para consolar el último crepúsculo de mi existencia.

Querian adormecerme el alma y volverla á la vida. Lo consiguieron, y este libro fué mi salvador.»