enemiga lavemos nuestro oprobio,

y que yazcan sus cuerpos insepultos.

«Repúdielos la tierra de su seno;

que negros urubús pasten sus miembros;

y muera el que piadoso toque á ellos.

«De heredado valor, ejemplo nuevo

demos á nuestros hijos. Muera el flaco

que no sepa vengar al deudo muerto.»

Cesa el Tamoyo trovador y en tierra

cae arrobado en éxtasis. En torno