Con cuanto dolor supo Aimbire la suerte que le cabia á su prometida, nada menos que cautiva en poder del aborrecído Cubas. Devora el furor dentro del pecho, como el fuego subterráneo que calcina las entrañas de la tierra. La fortaleza de su voluntad contiene la explosion de su ira. Descubre á Pindobuzú postrado en el suelo, llorando por su hija querida, reclinada la cabeza sobre el hombro del hijo tambien aflijido. Entonces da rienda á su cólera: Oh! Pindobuzú exclama, enjuga el llanto, prepárate para una venganza ejemplar, Iguazú será libre, te lo prometo. Con ella te daré en represalias cuantas hijas y esposas quieras de esa raza de crueles. Haré correr rios de sangre y alzaré un monte de cadáveres. Opíparo banquete dispone mí brazo á los hambrientos cuervos. Al mar canoas, al mar volemos.... ....
Una batalla tiene lugar. En aquel campo halla el ofendido su venganza. Veamos el papel que hace allí Aimbire y como describe el poéta el nuevo encuentro de aquel con Blas Cubas:
Cansado de esparcir muerte y espanto,
Aimbire se adelanta, revolviendo
Los ojos que el furor en sangre tiñe,
Busca sus principales enemigos
Para verles morir bajo su brazo.
“Traidor Tibirizá, donde te escondes
Cayubi, Cuñambeba”! asi diciendo
Tropieza con D. Blas. “Eres tú, infame!