con otros pastores,

la ví tan graciosa

que apenas creyera

que fuesse vaquera

de la Finojosa.

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Al lado de D. Enrique de Villena y del marqués de Santillana, podemos colocar al cordobés Juan de Mena, autor, entre otras composiciones, del Laberynto, llamada también Las trescientas, por ser éste el número de las coplas de obra tan excelente. Propúsose Juan de Mena en la citada obra imitar al Dante, y así como el autor de la Divina Comedia se deja conducir por Beatriz, el poeta español se deja llevar por la Providencia bajo la forma de hermosa doncella.

Pertenece igualmente al reinado de Juan II el judío converso Juan Alfonso de Baena, natural de la villa que le dió su nombre, en la provincia de Córdoba, y autor del Cancionero. En el mismo reinado floreció Antón de Montoro, que empleó principalmente su musa en la sátira.

Del tiempo de Enrique IV son los hermanos Gómez y Rodrigo Manrique, sobrinos del marqués de Santillana. Don Gómez logró justa y merecida fama, ya por su obra Prosecución de los vicios y virtudes, ya por su poema A la muerte del marqués de Santillana. Pero el que aventajó a todos, por la ternura de sentimiento y por la natural fluidez, fué Jorge Manrique, hijo de D. Rodrigo y el último vástago de familia tan esclarecida. La muerte de su padre, acaecida dos años después de la de Enrique IV, es la más bella y delicada de sus composiciones; elegía que, con el nombre de Coplas de Jorge Manrique, goza de reputación universal. Por las siguientes estancias, que transcribimos de dichas Coplas, puede juzgarse su inestimable valor:

Recuerde el alma adormida,