Dadme un punto de apoyo, les dijiste,
Que la palanca de la fe me basta.
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Y en pie en la proa del bajel hispano
Clamaste, con acento sobrehumano:
«En el nombre de Dios omnipotente
En cuyo arbitrio la creación se encierra,
¡Despierta, continente!»
Y como un eco enorme y de repente
Gritó una voz en lontananza: ¡Tierra!