Gil González Dávila sucedió a Tamayo de Vargas. Escribió el Teatro eclesiástico de las Iglesias en América, en dos tomos y en los años de 1649 y 1656. Si la obra es deficiente a veces y aun errónea, no carece de alguna buena cualidad: murió Gil González Dávila el año 1658.
El nuevo cronista, Antonio de León Pinelo, natural de Lima, según unos, y de Córdova de Tucumán, según otros, fué nombrado cuando ya era viejo y se hallaba además enfermo. Dejó inédita—y a esto se reduce toda su labor—parte de una Historia Americana.
Antonio de Solís escribió la Historia de la conquista de México, obra notable por lo castizo y elegante del estilo, por la sensatez de los juicios y por la profundidad de las sentencias políticas y religiosas: murió en Madrid el 19 de Abril de 1686, habiéndose publicado su obra dos años antes.
Nombrado cronista por Carlos II el Dr. en Teología Pedro Fernández de Pulgar, se creyó que la historia de América, dada la erudición del mencionado Pulgar, adelantaría mucho; pero no fué así. Pulgar, siguiendo al pie de la letra a Herrera, dejó a su muerte cuatro obras de valor escaso, a juicio de sus contemporáneos, intituladas: una, Historia de las Indias; otra, de México; la tercera, de la Florida, y la cuarta, de América Eclesiástica.
Sucedió a Pulgar en el cargo de cronista Miguel Herrera de Ezpeleta. Nombróle en 1735 Felipe V, y nada publicó en los quince años de su empleo.
Aunque por Real Cédula de 25 de Septiembre de 1744 se dispuso que la Academia de la Historia se encargase de la crónica de Indias, cuando por la muerte de Ezpeleta debía aquélla entrar en funciones, el Rey nombró cronista a Fray Martín Sarmiento, cargo que desempeñó unos cinco años.
Nombróse en el 1755 una comisión encargada de revisar los documentos históricos de América reunidos hasta entonces, para llevar los que fuesen útiles a una Biblioteca Americana; mas todo quedó en proyecto.
En los últimos años del siglo xviii sentíase deseo y aun necesidad de conocer la Historia de América. Carlos III, desde El Pardo (27 de Marzo de 1781) hubo de decir que habiendo dado el encargo a su cosmógrafo de Indias, D. Juan Bautista Muñoz para que escribiera una Historia general y completa de América, mandaba que se le franqueasen a dicho Muñoz los Archivos y Secretarías de la corte, como también los que se hallaren fuera de Madrid[46]. Aunque Muñoz era hombre de tanta cultura como laboriosidad, encontró tenaz y ruda oposición en la Academia de la Historia. Logró, sin embargo, formar una colección considerable de copias correspondientes a los siglos xv, xvi y xvii, y dió a la estampa en el año 1793 el primer tomo de su Historia del Nuevo Mundo[47].
A la muerte del mencionado historiador, ocurrida en el mes de julio del año 1799, se encontró, entre otros varios manuscritos, el del primer libro del segundo tomo de su citada Historia del Nuevo Mundo, que publicó Navarrete casi íntegramente en la introducción a su tomo III de la Colección de viajes de los españoles.
Además de los cronistas citados, a la cabeza de todos los escritores de Indias, colocaremos a dos que redactaron sus obras durante la vida del Almirante. Llamábanse Andrés Bernáldez, cura de los Palacios, y Pedro Mártir de Anglería. El primero escribió una Crónica, que es fuente de muchas noticias, y el segundo, además de curiosas Cartas, la importante obra que lleva por título De orbe novo Decadas octo.