No sería justo pasar en silencio el nombre del capitán y poeta Alonso de Ercilla (1533-1594), autor de La Araucana, poema impreso por completo el 1578. Ercilla se ajustó en un todo a la verdad histórica, aunque a veces—como se dijo al principio del Prólogo—trató con demasiada benevolencia a los indios. No tiene tanto mérito la Primera parte del Arauco Domado, de Pedro de Oña, edición de 1596.
A tal punto llegaba la desconfianza de nuestros Reyes, cuando de asuntos de América se trataba, que Felipe II desde el bosque de Segovia encargó (24 Julio 1566) a los herederos del inquisidor Andrés Gaseo que buscasen, entre los papeles del citado inquisidor, una Crónica que hizo y ordenó Pedro de Aica de las cosas de las Indias, y hallada, la remitiesen al Consejo de las Indias[60].
Si desde el mismo bosque de Segovia mandó recoger—según hemos dicho—los ejemplares de la Historia de las Indias y conquista de México, de López de Gomara[61], por el contrario, algunos años después, hallándose en El Pardo (2 Febrero 1579) se dirigió al capitán Adriano de Padilla para decirle que, «teniendo noticia que el citado Capitán había escrito un libro de historia intitulado La Perla Occidental, obra de mucha curiosidad, le daba autorización para que pudiese imprimirla y venderla...»[62].
Felipe III, desde San Lorenzo (4 de Noviembre de 1617) autorizó al licenciado Antonio de Robees Cornejo para que pudiese imprimir su libro «necesario para la salud universal», que lleva el título de Simples Medicinas Indianas[63].
Las Noticias secretas de América de D. Jorge Juan y D. Antonio de Ulloa, escritas según las instrucciones del Marqués de la Ensenada y presentadas en informe secreto a Fernando VI, deben estudiarse con mucho detenimiento. Dicha obra se publicó en Londres por D. David Barry corriendo el año 1826.
Cerramos la larga lista de los escritores españoles de Indias con los nombres del laborioso D. Martín Fernández de Navarrete y D. Cesereo Fernández Duro. La obra de Navarrete se intitula Colección de viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV. Los cinco volúmenes de que consta fueron apareciendo desde 1825 a 1837, y en ellos se encuentran muchos documentos hasta entonces inéditos, los cuales fueron rica fuente en la que bebieron ilustres escritores, como el norteamericano Washington Irving (1783-1859), y el alemán Federico Alejandro, barón de Humboldt (1769-1859). Humboldt llegó a Madrid en compañía de Bonpland el 1799, siendo recibido con toda clase de consideraciones. Dióle permiso Carlos IV para viajar por todas las comarcas españolas de América, pasando a la vuelta por las Marianas y Filipinas. Partieron ambos sabios de Madrid el mes de mayo de dicho año. El 5 de junio se embarcaron en La Coruña a bordo del Pizarro, llegando al puerto de Cumaná, capital de la Nueva Andalucía. Pasaron cinco años recorriendo la América Meridional; luego fueron a México, a la Habana y a los Estados Unidos. Abandonaron a América el 9 de julio de 1804 y llegaron a Burdeos. Humboldt fijó su residencia en París, marchando a su patria el año 1827. Publicó preciosos estudios geográficos, etnográficos y políticos del Nuevo Continente. La primera obra que dió a la estampa se intitula Essai Politique sur le Royaume de la Nouvelle Espagne, dedicada a Carlos IV. París, 1808. La segunda Voyages aux regiones equinoxiales du nouveau continent. París, 1809-1828; tres volúmenes. La tercera Vue des Cordilleres et monuments des peuples indigenes de l'Amerique. París, 1816: dos volúmenes. El autor del Cosmos también dió a luz un Ensayo político sobre la isla de Cuba (publicado el 1826).—El filósofo Paz y Caballero consideró al sabio alemán como un segundo descubridor de la Isla. Sin embargo, la obra más importante de Humboldt lleva por título Examen critique de l'histoire de la geographie du Nouveau Continent et des progrés de la astronomie nautique du XV et XVI siècle (publicada en París de 1836 a 1839). Todas las obras del barón de Humboldt deben consultarse con detenimiento por los que se dedican a la historia de América.
Respecto al Sr. Fernández Duro, curioso investigador de la vida y hechos del primer Almirante, nadie podrá negar, por exigente que sea, los méritos de Colón y Pinzón (1883), Colón y la Historia póstuma (1885) y Nebulosa de Colón (1890), además del prólogo a la edición de los Pleytos de Colón, sin contar con multitud de artículos acerca de asuntos relacionados con el descubrimiento de América.
Entre los escritores extranjeros figura en primer término el escocés Guillermo Robertson (1721-1793), que publicó en Edimburgo una Historia de América, cuyos primeros ejemplares llegaron a España en Agosto de 1777. Si nada tiene de extraño—como anteriormente hemos podido notar—que el suspicaz Felipe II llegara a prohibir que se vendiese el excelente libro intitulado Historia de las Indias, de D. Francisco López de Gomara, llama la atención que Carlos III, el Rey que arrojó de España a los hijos de Loyola, hiciera objeto de su odio la Historia de América del citado Robertson. «Por justos motivos prohibió S. M. se introdujese en España, Indias y Filipinas el (libro) de la Historia del descubrimiento de la América, escrito y publicado en idioma inglés, o en otro qualquiera, por el Dr. Guillermo Robertson, Rector de la Universidad de Edimburgo y chronista de Escocia, y mandó que en caso de aver algunos exemplares de esta obra en los puertos de ambos dominios, o introducidos ya tierra adentro, se embargasen a disposición del Ministro de su cargo. Ord. de 23 de Diciembre de 1778. Vid. tom. 31 del Ced., fol. 191, núm. 180»[64].
Al lado del inglés William Robertson colocamos a Guillermo Prescott (1796-1859), historiador americano y meritísimo autor de los libros que llevan por título Historia de México e Historia del Perú, publicados a mediados del siglo xix. Durante esta última centuria y en lo que va de la veinte, lo mismo en el Antiguo que en el Nuevo Mundo, se han escrito y publicado muchas obras, ya de la Historia general de América, ya de los diferentes pueblos en que se divide aquella parte del continente.