CAPÍTULO V

América Meridional (Continuación).—Región colombiana: Tribus del Istmo: los cunas y otras.—Tribus chibchas o muiscas: reyes de Tunja y de Bogotá: consideraciones sobre los chibchas.—Tribus de la provincia de Chiriqui.—Los panches y otras tribus.—Región peruana: tribus principales.—El Perú antes del imperio de los Incas: obscuridad de estos tiempos.—Los incas ¿son indígenas?—Manco Capac y Mama Ocllo.—Manco Capac es proclamado inca: su política.—Zinchi Lloca: su gobierno.—Lloce Yupanqui: su carácter militar.—Mayta Capac: su pasión por la guerra.—Capac Yupanqui: sus conquistas.—Inca Yocca: sus victorias.—Yahuar Huacac: su cobardía.—Huiracocha: sus triunfos.—Urco: su destronamiento.—Titu-Manco-Capac: su cultura.—Yupanqui: sus guerras: concilio en el Cuzco.—Tupac Yupanqui: su poder militar.—Huayna Capac: su crueldad.—Huascar y Atahualpa: guerra civil.—El inca.—Los incas, curacas y amantas.—Los virreyes.—Los gobernadores.—El ejército.—La religión.—La cultura.—La poesía.—Las comedias y tragedias.—La música y el baile.—La lengua.—La industria.—Vías de comunicación: caminos y correos.—Puentes.—Acueductos.—Las colonias.—Colonias militares.

Las tribus de la América del Sur (sección del Pacífico) forman dos regiones, como se dijo en el capítulo IV de este tomo, que son la Colombiana y la Peruana. Dividiremos la Colombiana en tres grupos geográficos: 1.º, Tribus del Istmo y costas adyacentes; 2.º, Tribus Chibchas; 3.º, Tribus Sud-Colombianas y Ecuatorianas. Entre el mar de las Antillas y el Océano Pacífico se hallaban establecidas en la época del descubrimiento varias tribus más o menos importantes, las cuales tenían lenguas que pertenecían a diversas familias. Citaremos como las principales tribus, la de los cunas (del Panamá), la de los dorasques (inmediaciones del Chiriqui), la de los onotos o señores de la laguna, y la de los merigotes o timotes (distritos de Mérida y del lago Valencia). Todas las citadas tribus—según los objetos encontrados en las tumbas de sus individuos—no salieron de la barbarie.

Extendíanse los chibchas, muiscas o muicas desde el istmo de Panamá hasta Costa Rica y Colombia, y tanto la lengua chibcha como sus dialectos, se hablaban durante la centuria xvi en el reino de Nueva Granada (hoy Colombia). Se halla Colombia entre el Atlántico al Norte y el Pacífico al Este, siendo muy corta la distancia que separa a los dos mares por algunos sitios. Existía allí despótica y electiva monarquía: el zipa (Rey) y los azaques (nobles) gozaban de grandes privilegios. Considerábase como sagrada la persona del Rey, el cual vivía en suntuosos palacios, lo mismo que los soberanos de México y del Perú.

Había dos Reyes, que residían, uno en Tunja, y el otro en Bogotá. Desconocemos los comienzos del reino de Tunja; sabemos, sí, que se formó posteriormente el reino de Bogotá. Por mucho tiempo, ya en paz, ya en guerra, los monarcas de Bogotá debieron estar bajo el poder de los de Tunja. ¿Cuándo se separaron y lograron su independencia? No lo sabemos. En lo espiritual dirigía a los Reyes de Tunja y de Bogotá el gran pontífice de Iraca o Sogundomuxo, que habitaba cerca de Suamoz (hoy Sogamoso), cuyo templo fué, tiempo adelante, incendiado por los españoles.

Acerca del origen de ambos poderes, el de los reyes, a quienes heredaban, no sus hijos, sino los hijos de sus hermanas, y el del Pontificado de Sogamoso, que era electivo, veamos lo que refiere la tradición. «Allá en apartados siglos—se decía—cuando no alumbraba aún la Luna la tierra, vino a estas regiones un extranjero llamado por unos Bochica, por otros Zuhé y por algunos Nemquetheba. Llevaba prendido el cabello, la barba hasta la cintura, los pies descalzos y el cuerpo cubierto por un manto que por las puntas anudaba en el hombro. Predicaba la virtud y condenaba el vicio, enseñaba la agricultura y las artes, predecía los buenos y los malos tiempos y era el oráculo de la comarca. Llegó también por aquel tiempo una mujer de singular hermosura que, unos llamaban Huythaca, otros Chia y algunos Yubecayguaya. Enseñaba doctrinas opuestas a las de Bochica, halagaba los instintos sensuales y llevaba tras sí las gentes; era mágica y de perversas intenciones. Un día hizo crecer el río Funzha hasta hacerlo salir de madre, e inundó la llanura de Bogotá, obligando a los habitantes a recogerse en las cumbres de los vecinos montes. Afortunadamente, Bochica acudió a remediar el daño. Fué a Bogotá, golpeó con su báculo en una de las montañas del Mediodía, abrió paso a las aguas dando nacimiento al salto de Tequendama y dejó seco el valle. No pudiendo sufrir por más tiempo las maldades de Huythaca, la transformó en Luna y la envió al cielo a que fuese mujer del Sol y alumbrase de noche.

Bochica entonces arraigó en los muiscas sus ideas religiosas: la existencia de un Ser Supremo, la inmortalidad del alma, el juicio final y la resurrección de la carne. Concluída su predicación, se retiró a Iraca, hoy Sogamoso, viviendo dos mil años. A su muerte fundó el pontificado, instituyendo también al señor de la tierra y fijando la manera de elegir a sus sucesores.

Andando el tiempo, un sucesor de Bochica quiso poner fin a las continuas guerras que se hacían los caciques. Los reunió a todos, les hizo ver las ventajas de la paz y los indujo a nombrar un Rey a quien todos obedeciesen. Recayó la elección en Hunzahúa, a quien dieron desde luego el título de Zaque; y de aquí el origen del reino de Tunja, que abrazó toda Cundinimarca.» Bochica y Huythaca son, pues, la personificación del bien y del mal, de la virtud y del vicio, de Dios y del Demonio. Son, además, signos cosmogónicos: él es el representante del Sol, el día, el calor que seca la inundada tierra; y ella es la representación de la Luna, la noche, la que cubrió la meseta de Bogotá con las aguas del Funzha.

A Hunzahúa, que vivió muchos años, no sabemos quién sucedió, pues a Fomagata o Thomagata se le considera muy posterior. Dícese que era casi tan santo como Bochica. Sucedió a Fomagata su hermano Tuzuhua, y se guarda silencio sobre los demás reyes de Tunja hasta Michua.