Por último, afirma Torquemada que del Darién a Nicaragua sólo existía el gobierno monárquico, y al Rey heredaba el hermano, y a falta de hermanos sucedían los sobrinos. Los sobrinos debían de ser, no por línea de varón, sino de hembra.

Pasando ya a otro asunto, habremos de notar que desde Panamá hasta México, incluyendo también las islas de Santo Domingo y Cuba, se parecían los habitantes en usos y costumbres; también tenían cierto parecido o semejanza sus instituciones políticas y administrativas.

Nada nuevo añadiremos al decir que las numerosas tribus que ocupaban la mayor parte de las islas de Haití o Santo Domingo (Isla Española), Cuba, Puerto Rico, Jamáica, las islas Lucayas y otras, diferían mucho de los caribes, lo mismo física que moralmente. Si físicamente eran de buena talla, de color más claro, de hermosas facciones, esbeltos y bien formados, bajo el punto de vista moral se distinguían por su dulzura, candidez y generosos sentimientos. Aunque se conoce poco de la vida social de los habitantes de aquellas islas, se sabe que hasta la veneración llevaban el respeto a sus caciques. Sobresalieron en la industria agrícola, labraban la madera y trabajaban hábilmente el barro. Hacían joyas de oro, estátuas, etc. Estaban muy atrasados en las ciencias. Creían en la otra vida; adoraban el Sol, la Luna y otros dioses. Se permitía la poligamia y el repudio. No eran más humanos con los enfermos que los patagones y los tapuyas. Tenían tanto miedo a los caribes, que, cuando se les hablaba de ellos, se ponían trémulos. Colón se los atraía sólo con decirles que había ido allí para librarlos de enemigos tan fieros. Los caribes, como los tupíes, se hallaban interpolados con otros muchos pueblos[189]. Caribes y tupíes debían tener casi las mismas cualidades. «Iban—escribe Pi y Margall—sin temor de isla en isla, y de las islas a Tierra Firme. Hacían tan aventuradas expediciones con el sólo fin de asaltar pueblos y procurarse cautivas. Bravos, no temían la lucha en campo abierto; pero la evitaban siempre que podían, cayendo de noche sobre las plazas objeto de su codicia o su venganza, tomándolas sigilosamente las salidas, atacándolas de rebato, incendiándolas y para mayor confusión aturdiéndolas con espantosos alaridos. Como los demás bárbaros, no dejaban con vida sino a los niños y las mujeres; mataban y aun comían a los adultos, y eran el terror de las gentes. Aterradas tenían a todas las naciones de la cuenca del Orinoco, si se exceptúa la de los cabres, aterradas las costas, aterradas las Antillas, y verdaderamente aterrados tuvieron después a los mismos europeos»[190]. Untaban sus flechas con veneno. Desde Pedro Mártir de Anglería, hasta el último de los cronistas que, como testigos presenciales, escribieron, ora de las Antillas, ora de Tierra Firme, los presentan comiéndose a sus enemigos en repugnantes banquetes.

Pondremos remate a nuestras consideraciones y por lo que a Cuba se refiere, considerando que en estos últimos años (1909-1910). D. Federico Rasco, coronel de la Guardia Rural, ha encontrado objetos precolombinos en una cueva en Jauco, término de Bayamo (provincia de Oriente), que tienen verdadero valor histórico. Consisten dichos objetos en un dujo o asiento indio, de madera y de una sola pieza, con dibujos en tallado, dos ídolos de piedra, tres hachas de piedra dorita pulimentadas, varias figuras o mascarillas de arcilla endurecidas al sol y que formaban parte de las vasijas de los indios, etc. Además, se hallaron dos cráneos, uno de un hombre y otro de una mujer, y por ciertas señales debieron ser de caribes. Indícanos el estudio de los objetos citados que la civilización de los primeros habitantes de Cuba no fué nula, pero inferior, bastante inferior a la del Yucatán, México y América Central.


CAPÍTULO VII

América septentrional.—Obscuridad de la historia de México en sus primeros tiempos.—Los quinametzin.—Los quinamés.—Los nahuas, xicalancas y olmecas: su origen.—Los chichimecas y fundación de su imperio.—Los toltecas: su peregrinación; su asiento en Tula.—Tribus menos importantes.—Relaciones entre chichimecas y toltecas.—Monarquía tolteca en Tula.—Las tres monarquías: sus reyes.—Quetzalcoatl: su doctrina.—Tetacatlipoca y Nauhyot.—Xiuhtlatlzin.—Matlaccoatl y Tlilcoatzin.—Huemac y Topiltzin.—Los chichimecas se apoderan de Tula.—Reyes toltecas de Tula.—Cultura de los toltecas.—Los chichimecas: su situación: su vida.—Gobierno de Xolott.—El feudalismo.—Guerras de Xolott.—Tribus que invaden el imperio.—Nopaltzin y Huetzin.—El reino de Tezcuco.—Los aztecas: su procedencia.—Las casas grandes de Gila.—Los aztecas antes de establecerse en México y en Tlatelolco.—Quinantzin y Techotlalazim.—Las 75 provincias.—Ixtlilxochitl: guerra civil.—Rivalidad entre Tezcuco y México.—Netzahualcoyotl.—Los reinos confederados.—Guerra civil.—Los españoles en Tabasco.—Moctezuma II: su grandeza.—La religión y la guerra.—El jefe de clan, el calpulli y el tlacalecuhli.—Las fratias y la tribu.—Consejo Tribal.—La industria.—El calendario.—Obras públicas.—La escritura.—Creencias religiosas.

Consideremos el comienzo de la historia de México. El punto es obscuro y nada puede asegurarse con certeza. Según recientes estudios, apareció el hombre en el suelo mejicano al principio de la época cuaternaria. Dícese del mismo modo que el habitante más antiguo pertenecía a la raza negra. Dejando la cuestión de si era o no autóctono, sabemos tradicionalmente que las primeras gentes fueron los quinametzin, hombres de elevada estatura, establecidos en las orillas del Atoyac, río que corre entre Cholula y Puebla; descendían, como todos los invasores de América—y así lo dice Veytia—de siete familias que vinieron de Tartaria. ¿Los quinametzin y quinamés son el mismo pueblo?