Al oeste de Puebla de los Angeles se encuentra la citada pirámide de Cholula. Antes de pasar adelante, consignaremos que las pirámides de Teotihuacán son de tierra, arcilla, argamasa y guijarros; la de Cholula, de adobes; la de Huatusco, está revestida de piedra, y la de Xochicalco, es de sillería.

Respecto a templos, tal admiración causó a Hernán Cortés el mayor de México, que suyas son las siguientes palabras: «al es—decía el insigne capitán—su grandeza, que no lo sabría explicar lengua humana: dentro de su circuito se podría muy bien facer una villa de quinientos vecinos. Hay bien cuarenta torres muy altas, la mayor más alta que la de la catedral de Sevilla. Son todas de tal labor, así en lo de piedra como en lo de madera, que no pueden estar en parte alguna mejor labradas ni hechas.»Comenzóse su fábrica por Tizoc, el año 1483, y fué inaugurado por Almitzotl, el 1487. Dentro de vasta cerca, coronada de almenas, había 33 templos, siete casas para otros tantos colegios de sacerdotes, seis oratorios, una hospedería, cuatro albercas, dos juegos de pelota y otras habitaciones, sin contar los muchos patios, alguno tan grande que medía más de 130 metros en cuadro. Otro palacio no menos digno de memoria describe Cortés. En él dice que tenía Moctezuma un jardín con miradores que del suelo al techo eran de jaspe. En dicho jardín había diez albercas y en ellas se mantenían muchas aves acuáticas. Los leones, tigres, lobos y otras fieras, como también las aves de rapiña, tenían sus correspondientes albergues. Otros palacios con sus jardines se levantaban en Tezcuco, en Toxcutzingo y en la Quemada. En el Estado de Oajaca, en el fondo de un valle, y en medio de un semicírculo de agudos picachos, se hallan los monumentos de Mitla. Estas antiguas necrópolis consisten en cuatro grandes fábricas, llamadas comúnmente palacios, y dos pirámides que se consideran como altares o templos. «Examinados en conjunto—dice Pi y Margall—los cuatro monumentos, asombra a la verdad su rigor geométrico, la pureza y la energía de sus líneas, la precisión de sus ángulos, la simetría y harmónica disposición de sus partes, el corte y las juntas de sus piedras que hicieron inútil la argamasa, las combinaciones de sus mosáicos, también sujetos a medida. No cabe regularidad mayor que la de esas singulares construcciones»[266]. Las dos pirámides, la una está situada al Oeste de la primera necrópolis, y la segunda al Sur de la última; aquélla consta de cuatro pisos y ésta de tres.

Pasamos a estudiar las ruinas de Palenque, restos de antigua ciudad llamada Nacham, y que—según Dupaix—tenía de extensión unos doce kilómetros. A la sazón—si damos crédito a Waldeck—apenas llega a cinco. Se hallan en territorio de Chiapas, orillas del Otolúm, de 11 o 12 kilómetros al Sudoeste de Santo Domingo, en las colinas de un valle y a la entrada de una serranía de la que bajan abundantes arroyos. Cinco son los principales y ruinosos monumentos: el Palacio, el templo de la Cruz, el del Sol, el del Relieve y el de los Tableros.

Hay, además, muros aislados, arranques de edificios, sillares sueltos y dos pirámides. Al Norte está el Palacio; al Sur, y casi en la línea del Palacio, el templo del Relieve: al Sudeste, los del Sol y la Cruz; al Sudoeste, el de los Tableros, y a unos 3.500 pasos al Mediodía de la última casa Nordeste de Santo Domingo, las dos pirámides. Levántase el Palacio casi a la margen del Otolúm, sobre una mole piramidal de 78 por 86 metros de base y 11 o 12 de altura; el Palacio mide de alto 8 metros y de base 50 por 35. En sus cuatro frentes lleva 40 huecos, distinguiéndose las puertas sólo por la mayor anchura. Las talladas losas, numerosas tumbas y gigantescas estatuas, han hecho que algunos arqueólogos hayan creído que el citado lugar fuera sagrado, donde se congregaba un pueblo de devotos y residía el alto sacerdocio de los mayas[267].

En Ocotzingo, allá en la vertiente de pequeño cerro, al que se sube por espaciosa y casi desmoronada gradería, se levantan tres adoratorios, dos pequeños y uno mayor central; y en segundo término, la arquitectura de los mencionados oratorios es del mismo gusto que la de Palenque.

Dentro del territorio de Yucatán, que es donde se descubren más restos de edificios antiguos, se ven muchos monumentos que afectan la forma piramidal.

Las dos estatuas de Palenque, según algunos críticos, hubieran podido también aparecer en Egipto sin llamar la atención de los arqueólogos. ¿Serán casuales las semejanzas entre los monumentos del Antiguo y del Nuevo Continente? Es evidente que en los comienzos de la cultura primitiva, la humanidad ha debido desplegar sus energías del mismo modo, siempre que se haya encontrado en condiciones semejantes, por cuya razón no causa extrañeza la semejanza entre los edificios americanos y los del Antiguo Mundo. Cuando el arte ha llegado a su completo desarrollo, entonces no existen ciertas analogías, pues—como dice Riaño—«nunca se da el caso en la historia del arte de que aparezcan en distintas localidades, debido a la casualidad, formas y pormenores que representan las más veces muchos siglos de cultura»[268].

Como a 40 kilómetros al Este de Mérida, en un lugar llamado Aké, se encuentran 15 o 20 pirámides de diferentes tamaños, las cuales sostuvieron palacios hoy completamente derruídos. También en Izamal se admiraban varias pirámides, llamando particularmente la atención la de Kinichkakmó, que tenía dos pisos, veinte escalones, ancha plataforma y detrás una plazoleta con otro cerro o pirámide que sostenía un templo. Era redonda por su parte posterior y toda de cantería. Cada escalón tenía de largo 28 metros y de alto cinco decímetros. Al ocuparse Charnay de los restos de un camino a la isla de Cozumel, y de otro a Mérida, dice del último, que era de siete a ocho metros de anchura y se componía de grandes piedras cubiertas de hormigón y de una capa de cemento. De cemento era también el camino a la isla de Cozumel. En Mayapán se admira otro monumento, el cual manifiesta los mismos caracteres que los anteriores. Las ruinas de Chichén-Itzá ocupan un rectángulo de 835 metros de largo y 556 de ancho: al Norte está el templo y, según otros, gimnasio o circo; al Este el Pórtico, y entre el templo y Pórtico el castillo; al Sur el Acabtzib y la Casa de las Monjas, más al Norte el Caracol, y al Oeste el Chichanchob o la Casa Roja. El más antiguo de todos estos edificios y a la vez el más humilde, es el Acabtzib; y el más moderno y también el más bello, es la Casa de las Monjas. Debe fijarse la vista en las numerosas e imponentes ruinas que se descubren en Uxmal, la Atenas de los mayas. Preséntanse a nuestros ojos, al Norte, el Palacio o Casa de las Monjas, la Casa de los Pájaros y el cerro del Enano o del Adivino; a Mediodía Las Culebras o juego de Pelota; más al Sur la magnífica Casa del Gobernador y la de las Tortugas; al Sudeste la Casa de la Vieja y al Sudoeste la Casa de las Palomas. Son por más de un concepto notables los monumentos de Kabah, la Casa Grande de Zayi, los edificios de Labnah, los de Kewick, y en las costas del Oriente los de Tuloom. El apogeo del arte americano se encuentra en Yucatán. Algunos autores creen que la arquitectura tuvo su comienzo en Aké y su fin en Zayi. Al Sur de la Península yucateca se hallan las ruinas de Tikal. En la margen izquierda del Usumacinta se ven las ruinas de Lorillard, y en una de las islas del lago Yaxhaa, aparece especie de torre de cinco altos. En la margen oriental del río Copán (límites o confines de Guatemala y Honduras), se admiran grandes ruinas, como también en Quirigua, mucho más al Norte. Las ruinas de Tenampua, situadas al Sur, tienen bastante parecido a las de Copán.

Teocalli en Palenque.