APROBACIÓN

DEL

PADRE JOSEPH DE SILVA

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

Predicador de S. M. y del Colegio Imperial.

De orden de V. S. he visto y leído con gran gusto la Relación historial de las misiones de los indios que llaman Chiquitos, que están á cargo de la Compañía de Jesús, en la provincia del Paraguay; y si las quisiésemos cotejar con las conquistas Evangélicas del Oriente, que fueron el glorioso empleo de San Francisco Xavier, por las cuales mereció el título de Apóstol de la India, tendríamos muy poco que hacer para igualarlas; ya se miren las naciones bárbaras, que en tan dilatado campo de la idolatría han reconocido á Jesucristo y á su Santa ley, ya la diversidad de genios y costumbres de estas gentes, más propias de brutos que de racionales, cultivadas por nuestros misioneros con tanto afán y fatiga en estos tiempos, al parecer más reñidos con los cuidados de salvación agena; me parece que ha renovado Dios en su iglesia, por medio de estos operarios suyos, las señales de la primitiva, confirmando la predicación del Evangelio con los milagros que dijo San Marcos[I.] que acreditaban la predicación de los Apóstoles en la conquista del mundo. Toda la relación está llena de esta verdad, y confirmada con la sangre de muchos misioneros, muertos cruelmente á manos de los bárbaros, por conservar y mantener en su pureza la fe de Jesucristo.

Puedo decir sin violencia, que atendidos sus trabajos y su celo en adelantar las conquistas, como se pueden ver en las innumerables reducciones ó pueblos que han hecho de los convertidos á la fe, que bastarían sin duda para enjugar las lágrimas de aquel siglo, en que San Gregorio lloraba la falta de operarios en la Iglesia, siendo tan abundante la mies en las naciones: Ad messem multam operarij sunt pauci, quod non fine nœrore et lachrymis loqui possumus[II.]. Para estos obreros evangélicos reservó Dios sin duda gran parte de aquella gloria, que señaló al Apóstol de las gentes en su vocación, y destinó á la promulgación de la ley de Gracia, marcándole en la elección para que llevase su nombre á tantas y tan diversas naciones:[III.] Ut porlet nomen meum coram gentibus et regibus et filijs Israel. Y á la verdad, en esta Relación historial se verá que han introducido la fe de Jesucristo los misioneros Jesuitas en la otra parte del mundo, que confina con la Tierra Austral incógnita, tocando en la que los cosmógrafos dicen que aún no está descubierta, y la llaman Tierra del Fuego. Dignos por cierto de aquél premio, que tiene Dios destinado para los que á costa de afanes, fatigas y sudores, hicieron adorar su nombre en los últimos términos del mundo, como lo dejó escrito Isaías y lo explicó San Pablo, que fué el mas fiel testigo de la predicación del Evangelio. Dejo para menos apasionadas plumas la confirmación de este dictamen mío, que podrá parecer sospechoso por interesado, y pongo por conclusión de la censura la que se merece una obra toda de la gloria de Dios, para que en la luz pública logren todos ejemplos de la virtud más heroica y del más apostólico celo. Este es mi dictamen, salvo, etc. En este Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid y Agosto 21 de 1726.

Joseph de Sylva.