HUEVOS Á LA MORENITA
Este plato, que tiene por cierto un título muy chocante, ha salido todo él de la cabeza de un tal Domenech (q. D. g.), cocinero catalán é inspirador espontáneo de muchas de las recetas que contiene el presente libro (q. D. g. también).
Atengámonos á la receta aludida.
Se toman dos pimientos pornográficos (ó sea verdes) y dos charlotas de tamaño natural y se les pasa á cuchillo hasta dejarlos hechos una especie de pasta vegetal simpática, la cual habrá de resignarse á ingresar en una sartén, acompañada de 50 gramos de Tetuán (¿querrá decir de tuétano?). Mientras se fríe la pasta, se coge una modesta pero honrada cuchara de palo, con ella se le da al contenido de la sartén unos cuantos meneos y en cuanto la pasta empieza á sofocarse, ¡cataplún! se la riega con un vaso de Madera, de vino de Madera seco. Se le deja que humildemente se reduzca á la mitad y entonces se le agregan para honra y gloria de Dios un vaso de salsa de tomate ruboroso, otro de juego de carne (debe de ser jugo), una hoja de laurel, azafrán disoluto, pimienta y sal.
Á los diez minutos se retira la salsa á descansar.
Y ya tenemos la salsa preparada.
Ahora vamos con los huevos.
Cada uno lleva un costrón de pan. ¿Que cómo se hace el costrón? Pues muy sencillo. Coges miga (la corteza para el nuncio); cortas ocho pedazos de un centímetro de altura y seis centímetros cuadrados de superficie. Les haces un agujero en medio y por allí les metes un huevo. Les das un baño de placer en leche pura, los barnizas con yema y los echas á freir con manteca de vacas auténticas. Quince minutos antes de servir los costrones y cuando hayan experimentado ya la introducción del huevo correspondiente, los colocas en un plato y los cubres cariñosamente con la salsa mencionada.
Con esto y con que pasen cinco minutos más enchiquerados en el horno, ya están listos los huevos para volver locos de gusto á los comensales más tranquilos.
Y ahora preguntarás: ¿Por qué se llaman Huevos á la Morenita?