de su formación, y baja,

matándole el movimiento

sobre la suya mi espada,

¡Aquí fué Troya! Saqué

un revés con tal pujanza,

que la falta de mi acero

hizo allí muy poca falta;

que abriéndole en la cabeza

un palmo de cuchillada,

vino sin sentido al suelo,