Ya no hay remedio: perdona,
y da la mano a Lucrecia,
que también es buena moza.
García.
La mano doy, pues es fuerza.
Tristán.
Y aquí verás cuán dañosa
es la mentira, y verá
el Senado que en la boca
del que mentir acostumbra,
Ya no hay remedio: perdona,
y da la mano a Lucrecia,
que también es buena moza.
García.
La mano doy, pues es fuerza.
Tristán.
Y aquí verás cuán dañosa
es la mentira, y verá
el Senado que en la boca
del que mentir acostumbra,