Deja lisonjas, y mira
el marfil de aquella mano,
el divino resplandor
de aquellos ojos, que juntas
despiden entre las puntas
flechas de muerte y de amor.
Tristán.
¿Dices de aquella señora
que va en el coche?
García.
Deja lisonjas, y mira
el marfil de aquella mano,
el divino resplandor
de aquellos ojos, que juntas
despiden entre las puntas
flechas de muerte y de amor.
Tristán.
¿Dices de aquella señora
que va en el coche?
García.