Dame la mano, señor.
Beltrán.
¿Cómo vienes?
García.
El calor
del ardiente y seco estío
me ha afligido de tal suerte,
que no pudiera llevallo,
señor, a no mitigallo
con la esperanza de verte.
Dame la mano, señor.
Beltrán.
¿Cómo vienes?
García.
El calor
del ardiente y seco estío
me ha afligido de tal suerte,
que no pudiera llevallo,
señor, a no mitigallo
con la esperanza de verte.