Estas serranillas se parecen, como nota Puymaigre, a las pastourelles de los trouvères franceses:
«En une vallée
Près de mon sentier
Pastore ai trouvée
Qui fet a proisier...»
Pero Puymaigre rebaja harto las serranillas del Arcipreste teniéndolas por parodias bufonescas de las pastourelles. Lo que hay es que aquellos señores de allende escribieron con guantes y para caballeros y damas de castillos feudales, mientras nuestro Arcipreste, poco avenido con idilios, hechizos y églogas fantaseadas, se arrimó más a la naturaleza, sintió ateridas sus manos con los hielos de la sierra, comió el queso y el conejo de soto, dió con serranas chatas y hombrunas á veces, retozonas cual cabras monteses siempre, y no les quiso quitar la chatez, lo cabrío y lo montaraz. Siempre fué más remilgado y de salón el arte francés; más bronco, por más natural, harto más rugiente y pizmiento, más real y menos amanerado, en una palabra, el español. Tienen estas serranillas el candor que les basta, huelen á mejorana, á oregano y tomillo; pero también llevan pinceladas vivas, hasta chirriadoras y como buriladas con punta de acero, que a las pastourelles no les sobran. De donde verdaderamente viene, sin salir de España, la vena de esta lírica villanesca es de Galicia, como se ha visto bien claramente por el Cancionero del Vaticano; de allí corre al Arcipreste, que a nadie imita, pero remansa éste, como los demás raudales poéticos, en inmenso lago; después sigue la corriente hasta el Marqués de Santillana, Bocanegra y Carvajal en el siglo XV, y en el XVI se esplaya en Gil Vicente, Juan del Encina y Lucas Fernández, hasta perderse casi en el teatro del siglo XVII, donde asoma de cuando en cuando en las obras de Lope y Tirso, y en estos nuestros tiempos ha vuelto á flor de tierra con el renacimiento de la poesía gallega en la misma Galicia, donde estaba la fuente. Enrique de Mesa escribe hoy serranillas lindísimas los veranos que pasa en el Guadarrama. Cantíca creo debe pronunciarse, como cantíco y canticar, por ser diminutivo de canta y canto; mientras que cantíga, de canticare ó del plural latino cantica. Baena, p. 225: O luego desata ssu cantica errada. Malangosto, monte de Valdelozoya. A la asomada del rrostro, al asomar yo la carra. Valderr., Teatr., S. Mon., 1: No fueron más que unas asomadas y amagos, que luego se acabaron. J. Pin., Agr., 3, 2: Nos podremos reir con la asomada del manjar, mejor que el cazador Céfalo con los arreboles de la llegada de la mañana. ¡Hadeduro! ó fadeduro, ¡desdichado!, desafortunado (c. 389), de fado duro. Berc., Loor, 46: Assaz fizo ensayos, mas non falsó el muro, | cuydó ser artero, probos por fadeduro. Id., S.D., 480: Asmaron un trabuco las cosas fadeduras. Corr., 75: El alcaravan hadeduro, a todos dar consejo y a si ninguno. O sea el otro: Es como alcaravan sesudo, que para los otros tiene consejo y para sí ninguno (Corr., 129): sesudo irónicamente, y alude a la fábula con que acaba el libro de Calila e Dimna, y que trae Correas al explicar la otra variante: Alcaravan zancudo... (p. 44).
Sotos alvos, lugar de tierra de Segovia, traspuesta la sierra y al mismo pie de ella. Echar verbos era muy usado entre rústicos. El pecado te barrunta, el diablo te anda venteando para cazarte, que eso vale el pecado (c. [990]). Encontrada, como contrée, tierra, territorio, además encontrón. Corvacho, 4. 2: Cometiole en una encontrada.