Me desconfuerta, me desconforta.
Fuera de la Biblia, jamás hombre se alzó en vuelos tan sublimes acerca de la muerte, que simboliza al pecado, como su natural fruto y conforme con la más honda teología católica, y acerca del poder de Cristo, que entregándose á su guadaña la desarmó y venció para cuantos crean en él. El triunfo de la cruz sobre la muerte y el pecado es lo que canta el Arcipreste en este trozo, que no sólo es el más teológico y filosófico y de más poder poético y hondura de ideas, fuerza de sentimiento, escultórico de expresión, de cuanto escribió el poeta del siglo XIV, sino de los trozos más sublimes y sentidos que han cantado los más soberanos poetas. Esta elegía a la humanidad, condenada a la muerte, que luego se trueca en himno triunfal, no tiene par ni parecido ni aun en el mismo Dante, no ya en Virgilio ú Homero, y hay que llegar hasta los Profetas hebraicos, sin quedar entre ellos oscurecido nuestro poeta. Este arranque es realmente de un primitivo, de un vate natural y recio: sus ecos rebotan de los peñascales del Cáucaso, donde retumbaron las voces de Prometeo encadenado. Enante y denantes, que de él salió, formas todavía vulgares en España y América por antes (Tesoro, N, 13).
De belmez, arrastrándole de las caídas del jubón, así llamado, que sobresalían por debajo de la cota. Alex., 1845: Los de parte de Poro de voluntat feríen, | más ellos en todo el belmez les tenien. Cid, 3635: Las dos le desmanchan e la terçera finco: | el belmez con la camisa e con la guarnizon. Acaso del arábigo, مُلْبُس malbus, vestido, de talabbasa, vestirse, con metátesis balmus ó belmes.
Debdo, deudo. En-amistad, de amistad.
Fuesa, la huesa, que así sonaba. Aviesa, torcida. Berc., S.D., 235: Eran aviessas las passadas (los caminos).