[1547]

Tañer, tocar; sesos, sentidos. Acostarse, inclinarse. Gran., Adic. mem., 1, 1, 7: Adonde se acostare el amor, allí se acostará la voluntad y eso abrazará todo el hombre. Gastar, echar á perder, que es su valor etimológico, como gâter.

[1548]

Des-fear, poner feo. Preciosos contrastes. Desadonar, quitar el donaire y gracia.

[1550]

A nadie agradas; pero tu te agradas con el que mata ó muere, hiere o hace mal: esos son tus amigos.

[1551]

Requerir, buscar.

[1553]

El miedo a la muerte dice el mundano, inventó el infierno y el rezo (salterios): tal interpreta este paso el señor Puyol. No es menester mucha teología para ver cuán errada y grosera es semejante interpretación. La muerte es fruto é hija del pecado: el pecado y, por consiguiente, la muerte es el que puebla el infierno; viviendo siempre, el hombre viviría en la gracia del Paraíso terrenal y no tendría miedo al pecado, y por lo tanto ni a la muerte. El miedo al pecado, y si se quiere el miedo a la muerte de por sí, pero no el miedo servil, sino el reverancial llevó á los anacoretas al yermo y á los monjes al claustro para encomendarse á Dios y cantarle noche y día. No cabe en un siglo creyente, como aquel, ni menos en el Arcipreste, el desplante de decir que el miedo inventó todo eso.