[1567]

Diezmo, la décima parte.

[1568]

Tras este magnífico himno, que pone el Arcipreste en boca del otro arcipreste ó clérigo mujeriego, le hace bajar de golpe y porrazo á las más broncas notas del bordón, para que campee mejor el contraste de los pensamientos religiosos con los raheces y bodegonescos del loco amor. Del himno á Dios se hunde en el himno á su alcahueta. Y todavía le hace decir que la tal mala hembra ha sido perdonada y comprada por la sangre de Cristo y está en el paraíso con los mártires, porque ¡en el mundo fué por Dios martirizada! Pide á Dios dé la gloria a tan ruin sabandija, porque fué leal trotera, esto es, fina alcahueta! Así enloquece el loco amor, como poco ha sublimaba el buen amor al clérigo, en quien el Arcipreste se reviste. ¿Dola? ¿dónde ella? Barahona, p. 813: ¿Do está vuestra presencia? ¿Dola, dola? Igualmente adola. L. Rueda, Eufem.: Pues ¿adola?

[1570]

La locura del loco amor llega hasta canonizar, bendecir sacerdotalmente y cantar en epitafio, que resulta bufonesco, á la podrida vieja, divinizándola casi casi, como graciosamente levantó á los cuernos de la luna el oficio de alcahuete don Quijote (1, 22). Socarroneria es esta que á algunos se les antoja ser cosa de misterio, digo á los que llevan á aquellos tiempos de fé religiosa el descreimiento de estos que corremos y quieren hacer del Arcipreste un precursor de Lutero y á Cervantes un sectario enmascarado. ¡Bonitas antiparras para leer la historia y desaforado enaltecimiento de los grandes hombres que pasaron!

[1573]

La ironía de las coplas siguientes creo no puede ser más clara como no puede ser más sangrienta, y con todo la ceguera les hace á algunos tener por un tonto de capirote al Arcipreste, cuando no por un impío y blasfemo, forrado de albardan y de borracho de baja estofa.

[1574]

Debatida en S, como batida de caza; en T abatyda. Perdida, concertando con dueña, por perdido, que diríamos hoy.