Nunca me aperçibes de tu ojo nin del dedo;
Dásme en el coraçón, triste fazes del ledo.
Non te puedo prender, ¡tanta es tu maestría!;
É maguer te presiese, crey que te non matarya;
Tú cadaque á mí prendes, ¡tanta es tu orgullya!,
Syn piedat me matas de noche é de día.
¿Qué te fize? ¿porqué tú me non diste dicha
En quantas que amé nin en la dueña bendicha?