22. Estrofa de dos versos octosílabos, consonantados (c. [1650] y [115]).

Ediciones del Arcipreste puede decirse que no las hay. Don Tomás Antonio Sánchez, en el tomo IV de su Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV (año 1790, Madrid), formó un texto arbitrario de los tres códices, escardó lo que le pareció ir contra la moral, confundió la ortografía y dejó sin explicar la mayor parte del glosario. Janer (tomo 57, Bibliot. Rivadeneyra, 1864) enmendó yerros de lectura y entremetió los trozos suprimidos; pero sólo tuvo en sus manos el códice de Gayoso y fué menos sincero que su predecesor. Ducamin tuvo intención de hacer la edición crítica, pero se entró en el claustro sin hacerla.

Le debemos, sin embargo, el mayor servicio que pudo hacer al libro del Arcipreste: hizo la edición paleográfica (Toulouse, 1901), recogiendo en su obra las variantes de los códices G y T al pie del texto íntegro del códice S, que tuvo por el mejor. Con este trabajo, que pocas veces habrá que recurrir a los códices, la edición estaba preparada. Adviértase que los códices G y T carecen de títulos y divisiones, que se hallan en S, de manera que no son del Arcipreste.

Los manuscritos principales del Libro de Buen Amor son:

El manuscrito G o de D. Benito Martínez Gayoso, que hoy es propiedad de la Academia Española y fué escrito el año 1389, esto es, cuarenta y un años después de escribir el autor su libro. Es, sin duda, el mejor, aunque Ducamin prefiera el manuscrito S por razones secundarias, pues G tiene ortografía más popular y más antigua y sus versos constan mejor que los de S, que se ve añadido y cambiado no poco por dar claridad al texto. Yo le sigo siempre que las variantes de los otros no prueben estar errado.

El manuscrito T o de la Catedral de Toledo, que hoy está en la Biblioteca Nacional (vitrina 4-8), concuerda más en todo con G que con S y es de la misma época que G, lo cual comprueba la preferencia que doy a G, pero tiene más erratas. Otra copia del de Toledo en la Nac. Dd., 14.

El manuscrito S o del Colegio Mayor de San Bartolomé, de Salamanca, que hoy para en la Biblioteca Real, es el más moderno de los tres, de principios del siglo XV, su ortografía más complicada y conserva más trozos que los otros dos. Estas dos razones movieron a Ducamin a darle la preferencia; yo prefiero atenerme al texto más antiguo en todo caso y a la más antigua ortografía.

Los tres fueron impresos por Ducamin: S íntegramente, y los otros dos al pie en las variantes. Mi edición se atiene, en cuanto es posible, al texto más antiguo, que es G, corrigiendo por los demás y siempre con la ortografía del texto de donde las palabras se toman. Pero en todos los códices hay muchos versos de deslavazada expresión y en el cuento de sílabas echados a perder, por comezón de aclarar el texto.

Cuanto a la ortografía, conservo la de los códices y sólo pongo z por la ζ y ς de Ducamin, cuando responden a esta letra, dejando s en los trozos de G, cuando la llevan. Por nn siempre pongo ñ, como hizo Ducamin. El signo que responde a la conjunción y o et del latín, lo transcribo siempre é, pues escribiéndose indistintamente e y et en los libros de entonces y no evitándose el hiato en la poesía de aquellos tiempos, no creo que debía poner a capricho una u otra forma. Para que el lector no informado lea sin tropezar el texto, paréceme advertirle que f, ff y h tenían un mismo sonido, el de la h aspirada andaluza; que ç sonaba siseada, y todavía más suavemente z; que j, i, g sonaban como gi en italiano, menos g con a, o, u, hablando en general, pues a veces está por j y otras veces para que sonase como γ escribíase gua, gualardón; que b y v sonaban como hoy, esto es, v como b más suave entre vocales; que x valía lo que la ch francesa y ch lo mismo que ahora en castellano; que a menudo va la n sin tilde, pero que sonaba como ñ cuando está por ella en las voces que hoy la conservan; que ante labial siempre sonó n, como se halla en el texto, y no m.[[D]]

He arreglado enteramente la acentuación, que entonces no la había, y la puntuación, no menos que la unión en cada palabra de las sílabas que la forman. Los poetas medioevales empleaban siempre el hiato sin escrúpulo, y hase de tener en cuenta al leer sus versos; cuando lo evitaban era mediante la sinalefa, escribiendo entonces las dos palabras juntas como las pronunciaban; yo en este caso las separo, conforme al uso moderno, echando mano del apóstrofo o virgulilla superior que indica la vocal suprimida. No se hagan sinalefas al leer donde no las hay. Para no multiplicar las notas he puesto el Indice, donde se puede acudir cuando se dude del significado de una palabra.