Invocación llena de gravedad, de sinceridad y de unción. Cabtivo pronúnciese cautivo, y vale cautividad.—Coytado, con y, para que no forme diptongo con la vocal anterior: es el acongojado con coitas ó cuitas. Cacer., ps. 13: Porque es un cuitado fía tanto en Dios. Hallábase preso el Arcipreste cuando esto escribía; así es de hondo y sincero el sentimiento que le trae á la memoria á los personajes históricos perseguidos por causas semejantes á la suya, que hemos dicho debió de ser falsa delación de los clérigos talaveranos, en cuyos pechos debía de hervir el encono contra quien tan varonilmente supo criticar su vida desgarrada. Dios sacó á los judíos, manu forti, á puros prodigios de Moisés. (Exodo.) Sacó á Daniel del pozo adonde le echaron á que le devorasen los leones por envidia de los demás gobernadores, sobre los cuales le había puesto el rey de Babilonia, Darío (Daniel, 6). La reina Ester (Ester, 8), judía de nación, logró del rey Asuero un decreto en favor del pueblo judío, tan esclavizado en Asiria como antes en Egipto.
Reyna, ayna, con y, que lleva el acento, y, como en coytado, no hace diptongo. Reína y aína sonaban, de re(g)ina(m) el primero; ayna, presto, todavía vulgar. Quev., Cuent. de c.: Y no me echen de vicio, que podrá heder el negocio más aína que piensan.—Dino fué clásico y es vulgar por digno, como endino de indignu(m).—Lazeria, trabajo, miseria. Trat. Arg., 1: ¿Qué buscas en la miseria, | amor de gente cautiva? | Déjala que muera o viva | con su pobreza y laceria.—Falta un vocablo en -ína detrás de presión, por prisión, de pression(em), vale apuro, pena (c. [787]), y aquí también prisión, en la que escribía (c. [1709]).
Libreste por libraste, de lib(e)ra(v)isti, así como libraste de lib(e)rasti. Al profeta Daniel, del lago ó cisterna de los leones. Los gentiles, vasallos de la reina Lupa, procuraron apoderarse de los huesos de Santiago cuando fueron llevados en el arca marmórica por los discípulos desde Padrón al burgo de los Tamárigos, donde hoy yacen: la leyenda está en la falsa Crónica de Turpín. Conforme con la creencia popular, atribuye el Arcipreste lo del dragón que dicen se tragó á Santa Margarita, á Santa Marina, confundiendo á estas dos Santas. Gran devoción se tuvo á Santa Marina, y se le levantaron templos en Sevilla, Córdoba, León y, sobre todo, en la provincia de Orense, donde la leyenda pone que fué martirizada por el Prefecto Olibrio, enamorado de ella y desdeñado. (Véase Flórez, Esp. Sagr., t. 17, pág. 216.)
Conpaña es posverbal de conpañ-ar y colectivo de conpaño, y vale lo que compañía, gente que acompaña y sigue, y acción de acompañar; úsase todavía en Andalucía. Cabr., pág. 223: Fuéronse tras él las compañas. Idem, 509: Comienza el Señor á hacer un largo sermón... diciendo á las compañas. J. Enc., 259: Dios salva, compaña nobre. Nótese que nunca se hace m la n ante b o p.—Tan maña de tan magna, tan grande, de donde tamaño, tamaña.—Tirar por sacar, como en francés, muy castizo. Traged. Policiana, 2: Tiradme de aquí estas botas. H. Núñez: Boñiga de marzo tira manchas cuatro; boñiga de abril tira manchas mil. Buena vida, arrugas tira. [Véase Cejador, Vocab. medieval y Leng. de Cervantes, II, Tirar.]
Esta falsa conpaña fueron aquellos jueces y viejos verdes que, no pudiendo vencer la castidad de Susana, la condenaron, librándola Dios por testimonio de Daniel, mozo á la sazón, á quien fué revelado de lo alto lo que ellos guardaban en sus corazones (Daniel, 13). "No sólo castigó sus verdes años—dice Juan de Torres (Filosofía moral de príncipes, 18, 2)—con la mano flaca de un mocito, sino que lo que ellos intentaron en secreto, echó Dios en la plaza, y lo que desearon esconder en los rincones, hizo auto público, para que viniese á noticia de todos."