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Tan encubierto es el sentido de esta copla, que G tampoco la entendió, pues lee: Do coydares que miente dize y gran fealdat... dicha mala ó buena por vientos la juzyat | Las coplas con los pintos load ó denostat. Lo de fealdad, vientos y pintos no tiene pies ni cabeza. ¿Entiende la copla el lector? Si a mí se me alcanza, su sentido es éste: Donde piensas que el libro miente, dice mayor verdad, que es en la doctrina moral y en el sano intento mío, que algunos creerán no ser más que una farsa, una máscara y mentira, un dar color de moralidad á pinturas desenfadadas y á desahogos de un Arcipreste de vida airada. La moralidad é intento moral, que afecto, no es careta, es sinceramente lo que yo pretendo en el libro: esta es la pura verdad. Al revés, en las coplas, donde se cantan escenas ó sentencias de libertinaje, es donde no hay más que falsedad, esto es, pura fantasía del autor, que aunque toma cada rasguño del natural ó de la comedia Pamphilus y algunos fabliaux, no son cosas que han pasado, ni menos que me hayan pasado a mí, como alguien creerá, sino que me pongo y envisto en los personajes, por pura traza artística y, por lo mismo, en ello hay falsedad de hecho. Cada cosa, buena o mala, juzgadla por los fines é intentos á que apuntó y que contrapunteó el autor (por puntos); no separéis, al criticar el libro, los fines de los medios, de que él se vale para llegar a los unos por los otros. Puntos son los fines adonde apunta el autor, y éstos son verdaderos en él, no mascarilla para no escandalizar; mientras que los medios son trazas artísticas, por consiguiente, de hecho cosas falsas, al artista permitidas. Puntadas, entonadas, puntar, entonar, metáfora acaso del contrapunto por intento (c. [1228], [1231]) y del apuntar al blanco.

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Trae G pyntares en la corrección por puntares. Puntar, como apuntar y contrapuntear, y con esto se entenderá esta copla, que sin ello, fuera más oscura que la anterior. Yo, el libro, soy padre de los medios ó instrumentos de canto y contrapunto empleados aquí: según apuntes y contrapuntees ó discantes, así sacarás provecho ó daño de ellos, esto es, de dichos, escenas y personajes. Detente y haz punto en el decir, dicho ó escena que tú quisieres ó buscares (quisieres vale buscares, quaesieris); si estudiándolo supieres dar en el blanco que yo tenía allí al escribir (si sopieres apuntarme), no te extraviarás, irás conmigo (ssiempre me avrás en miente) y no sacarás el daño que acaso saques si no apuntas bien á mi intento, pues te quedarás en los medios y con los instrumentos, que son cosas, á veces, harto libres, sin llegar a él: llevarás mal el contrapunto y no como yo lo llevo. Acaso algún moderno lo entenderá todo patas arriba, como no faltan quienes supongan que Cervantes era un descreído y aun que ataca rebozadamente á la Iglesia en su Quijote. Con capa de moralidad, se dirá ese tal, quiso encubrir sus desvergüenzas el tuno redomado del Arcipreste, para no ser tildado por la sociedad, y por eso da á entender aquí, al buen y sutil entendedor, que distinga entre la capa y el cuerpo, y no haciendo caso de aquéllas se quede con éste. "Comme un Rabelais hypocrite rendu prudent par le pays et le temps dans lesquels il vivait", dice Puymaigre (Les vieux aut. castill., t. 2, p. 63, etc.). Pero el Arcipreste, para mí, ni era hipócrita ni necesitaba serlo en época tan desgarrada como aquélla. Por algo le metieron en chirona, donde cabalmente escribió este libro con tan buena estrella como escribió en la cárcel el suyo Miguel de Cervantes. Fuera el Arcipreste un picaronazo, amigo de figones, hampón á carta cabal, mujeriego y cuanto fueron nuestros pícaros, de los cuales fué el primero en levantar enseña literaria, siendo su primer modelo y maestro, abuelo del Lazarillo y del Guzmanillo, bisabuelo del Buscón; ¡pero suponer en él hipocresía! Eso sólo se les ocurre a los que siempre ven á España encapotada por los negros nubarrones de la Inquisición. Pero hay más, y es que por este libro no pueden sacarse pruebas de que el Arcipreste fuera prácticamente un picaronazo, amigo de figones, hampón y mujeriego, como de sus libros nadie saca que lo fueran Mateo Alemán, Cervantes ni Quevedo. Viviendo en un siglo gazmoño y farisaico, nos escandalizamos de oir ó de leer lo que no nos escandaliza practicar. Un hombre como el Arcipreste, que tiene alma para echarles en cara á los clérigos de Talavera sus desgarros y solturas, hasta verse preso por sus solapadas maquinaciones, no hubiera tenido autoridad para hacerlo ni le hubieran hecho el menor caso si hubiera sido tan suelto y desgarrado como ellos. El Arcipreste de Talavera, autor del Corvacho, escribió un siglo más tarde acerca del mismo asunto que el de Hita. Nadie pone en duda la religiosidad y buena conducta del Arcipreste D. Alfonso Martínez de Toledo. Pues bien: su respeto por nuestro Arcipreste llega hasta copiarle con loa, lo cual cierto no hiciera si de él hubiera tenido la opinión de Puymaigre y de tantos otros. En estas dos coplas está el nudo del libro, el intento del autor: según se entienda, así será el libro bueno ó rematadamente malo. El es sutil, qui potest capere, capiat: el delicado griego lo entenderá por todo lo alto y á lo divino; el zafio romano, á puñetazos y figonescamente. Juzgar de este libro por la lectura de un trozo suelto, es lo mismo que suponer que la Sagrada Escritura es una obra impía, porque en ella se dice literalmente: Non est Deus: no hay Dios. Si allí lo dicen los impíos y no la Escritura, aquí esos trozos los dice ó practica el mundano, á quien pinta y rebate el Arcipreste.

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El bien del individuo y el de la especie, los dos quicios sobre que se mueve y perdura el universo. Pretende asentar la causa fisiológica del amor en los hombres y la raíz de la locura del mundano, que quiere describirnos. Las cosas se dicen claras y sesudamente comprobadas; si no, no se dicen. El Arcipreste, como iremos viendo, era tan gran filósofo como poeta.

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Los hechos prueban ser verdad este dicho y tener razón el sabio filósofo.—Rebtar en S, y en G reptar, de rep(u)tar(e), y de aquí retar, imputarle á uno una culpa, echarle en cara, después desafiarle, echándole en cara cosa que le agravie. Cid. 3343: Riebtot el cuerpo por malo é por traydor. Sobre la concordancia de se prueva en singular con dos sujetos, véase Cejador, Cabos sueltos (pág. 152): es la común concordancia castellana hoy día, como lo fué siempre, pese a dómines y Academias. Oígase al Tostado (Bibliófil. esp. Op. liter., pág. 226): Bien paresce, segund esto, quel amor non consiste en el arbitrio humano; mas necesidad nos apremia amar á la mujer.—Que en el cuarto verso, en S, causal y muy común, como Ca, que lee G.

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Llama locura al hacerlo sin mesura, pues locura es soltarse y salirse de la medida (Cej., Tesoro L., 87).—Mesura, medida, que así sonaba ya en latín lo que se escribía mensura, pues no sonaba ya la n delante de s en el mismo latín.