Acuçioso, activo, diligente. Cal. e Dimna, 3: Porque sabe que es bueno e acuçioso.—Ir su vía, como su camino; pero consuena mal y no hay variantes.—Fadiga, fatiga.
Joglares ó juglares, de ioc(u)lare(m), iocus, juego. Eran los músicos, cantores y hasta los trobadores y los que entretenían con donaire á las gentes de cuenta. Berc., S.D., 775: Ca ovi grant taliento de seer tu ioglar (de la Virgen). Quij., 2, 31: Hermano, si sois juglar, replicó la dueña, guardaos vuestras gracias para donde lo parezcan y se os paguen. Creyeron algunos que solos los bufones eran juglares; pero Alfonso el Sabio ya dijo que "los que siendo biencriados supieren agradar cantando con gracia, tocando instrumentos y divirtiendo en las Cortes á las gentes distinguidas, se llamaban juglares", y bufones á "los que andan por las calles y plazas tocando y cantando y ganando sórdido salario, gente sin gracia y sin vergüenza". Dice que aunque le consuelen, no le sanan los juglares al doliente ó enfermo de amor. "Don Alfonso IV por la gracia de Dios Rey de Aragon... façemos vos saber que agora destos dias nos vino un accident de enfermedat, mas loado sea Dios somos guaridos bien. Et enbiamos vos lo deçir porque sabemos que vos place de nostra salut e buen estado. E porque querriamos tomar algun plaçer con aquellos joglares del rey de Castiella que eran en Taraçona, el uno que tocaba la xabeba et el otro el meo canon. Vos rogamos que quisedes quel dito Rey nos enbie los ditos joglares et gradeçervos lo hemos mucho et vos que nos ende faredes serviçio. Dada en Valencia... CCCXXIX". (Archivo Cor. Arag., leg. 64, Cart. Reales.) Ya se ve si estaba fresco este hecho, y otros conocería el Arcipreste.—Non me tyró de, no me sacó de pesares.
Fonda, en lo hondo de las aguas.—Solo e señero, muy solo. Corr., 264: Solo y señero. (Declara mucho la soledad de uno.) Señero viene del antiguo senna, de singula, como sendos, ant. sennos, de singulos.
Mesura, cortesía, respeto. A. Mor., 6, 12: Y así levantándola con mucha mesura le dijo. De aquí bondad y gracia (Poem. Alf. XI).
Aquí comienza la paráfrasis de la escena cuarta del Pamphilus; pero no sólo deja oscurecido el original por el color y fuerza de los sentimientos amorosos, tan viva y delicadamente pintados, sino que sobrepuja á la misma famosa oda de Safo.