Sortija, sin duda encantada, esto es, con eficacia para mover al amor, como las que con los ocultistas dijo Ludovicus Dulcis que el que tenga una en que estén esculpidos aries, el león ó el sagitario se hará á todos agradable, etc., etc., y al modo que fantasean tener virtudes estupendas el anillo de Salomón, el de Hermes y el de Giges.—Pastr-ija es lo que pastr-aña (véase c. [64]). De este modo, con el regalo y el cuento la va aguijando y llevándola adonde ella quiere.
De nada os servirá vuestra tan alabada hermosura. La entra alabándola, portillo siempre abierto para entrar á las mujeres, vanidosas de suyo. Otro tanto hizo la Dipsas ó hechicera de Ovidio (Amorum, 1, 8): "Et cur non placeas (al joven)? Nulli tua forma secunda est... Tam felix esses, quam formosissima vellem".
Como prosigue allí Ovidio: "En adspice, dives amator | te cupit...", de donde lo tomó el autor del Pamphilus. No se olvide que el Arcipreste es un socarrón de siete suelas y que trata de pintar á los clérigos enamoradizos y abarraganados en el protagonista; por eso le llama melón, porque suelen ser los tales unos calabacines de tan respetable tomo, que parecen melones, y unos melones tan insustanciados, que parecen calabacines. No hay nombre en todo el libro que no sea significativo. ¡Y aún hay quien cree que el Arcipreste se fuera á llamar melón á sí mismo!
Da á entender que junta el seso de la edad con la alegría de la mocedad, y dice bien que no es poco juntar. Al rozapoco, como á rapaterrón ó á rozamata, hacer del loco un poquillo, sin llegarlo á ser. ¡Lo que discurre este demonio de vieja!
Hecho granado, perfecto, bien en sazón, como la mies que granó bien. Orden. Sev., 11: Ni presentes granados ni pequeños.